24 may. 2008

De lugares e inseguros

Que llegó el frío y su primera noche. El invierno siempre nos sentó bien en el arrope de mantas y sonrojo de labios. Historia y pasado.
Y yo que andaba por ahí sin saber que hacer con mi noche y vos que andabas por ahí sabiendo que hacer conmigo. Entonces yo fui a donde siempre. Y vos entonces sonreíste. Y yo entonces me senté a tu mesa gustosa. Y fue entonces cuando con toda la certeza de nuestra nada terminé de soltarte. A vos a toda la complicación. Ya que eras pasado ahí tan sentado frente a mí me dedique a traspasar esa instancia. Ya te escribí todos los versos posibles, ya me diste toda la distancia que existe. Ya. Historia entonces. Y la noche, que como siempre nos muerde los talones con los colmillos del alba. Me ofreciste tu cama. Te dije nada. Y entonces me ofreciste tu abrazo. El de siempre pero sin sexo, sin enrosque sin nada. Y dormimos risueños y mi lugar inseguro fue a morirse por esa noche a tus brazos.
Entonces el final ya es final. Vos y yo ya no somos. Yo entonces me alivio y me duermo en el naufragio de lunares de tu espalda. Sintiendo que por un instante esa noche no tenía miedo de nada.
Vos, yo y toda nuestra nada.
Y un abrazo. Y ya.

12 may. 2008

Cuadrículas y yo



"Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto."

Idea Vilariño



¿Qué vengo a querer escribir ahora yo?. Justo ahora. Que solo me queda el sabor de un martes lejano entre los labios. Los despidos que ya fueron. Los vacíos que dejan los nombres sin decir y la casa que se va poblando.
Miserias de andar disconforme
Desganos de andar errante
Desvelos de andar dormida
El error tan ancestral y mi cuerpo desnudo bajo la luz de ninguna calidez.
Encriptada y con luces
Sigo pensando en los lugares seguros
Y comprendo que ya mis versos no tienen mas destinatario
Y temo que se queden vacíos
¿Qué vengo a querer escribir yo ahora?
Si las letras del desamor ya están gastadas
Si los tiempos de la historia quedan muertos
Si ya, si nada.
Errante entre las gentes
Con su prosa completa bajo el brazo
De girones y mantitas. Y mis cuadrículas en blanco.
Me acurruco en mi sillón, balbuceando algún olvido, saboreando ningún beso.
Abro un libro. Y me quedo entonces en mi propio lugar inseguro.

9 may. 2008

Paz un carajo

Quiero gritar. Bien fuerte. Hasta ahogarme, agotarme, escarmentar.
Hasta que me deje de doler el cuerpo, hasta quedarme sin abrazos, ni palabras, ni buena fe.
Hasta que no haya mas lugar para entender a nadie, sólo para mí, hasta volverme egoísta, inmunda, incapaz.
Gritar hasta quedarme dormida, seca, muerta, sin ganas de jugar a nada, de querer a nadie, hasta quedarme sola, cerrada. Y sin retorno. En serio sin retorno.
Gritar hasta vaciarme, hasta que nadie quiera venir a abrazarme, hasta olvidarme de mi historia, hasta vomitar miserias y hacerme impermeable a una caricia.
Gritar hasta secarme, para siempre, siempre, siempre.
Gritar hasta meterme a fuego en la cabeza, en el cuerpo y en el alma que vulnerable nunca más. ¿Ok ?
¡Pelotuda!

7 may. 2008

Recuentos

Y pasaron entonces días.
El otoño se puso suave y vino a dejarme sin prisa.
Pienso en lo procesos. Hago un recuento y me leo.
Caigo en la cuenta de la libertad que le deja al alma soltar las historias y dejar de pensar.
Más abajo escribía que los desamores son hijos del rigor.
Soltar la historia que no conduce nos hace más libres.
Llega entonces el día en que ya no pienso. Es que no hay más a donde ir y sólo queda salir.
Andar viviendo implica entonces también soltar amarras.
Ya no tengo más palabras para lo que no es.
El basta ya está andado. Y siempre supe que era lento pero que finalmente llegaría.
Y entonces estoy acá parada en medio de mi vida. Queriendo salir andando. Yendo para todos lados.
Puedo estarme tranquila que cumplí con los pasos. Puedo estarme tranquila que me fui fiel a mi misma. Puedo estarme tranquila porque el gris definitivamente no es mi color.
Me traigo a cuestas siempre historias para contarme.
Cae la tarde y me acurruco. Mi casa ya sabe a hogar. El sol entra por la ventana y yo me envuelvo en un poncho de lana. Era de mi abuelo. Empiezo a tener raíces.
Y vuelvo a pensar pero esta vez más serena.
La libertad no siempre es euforia.
También es silencio. También es hogar. También es centrarse.
Llegan entonces las ausencias que no duelen y las ganas de mostrarme. Mostrarme por los ojos, desde los ojos. Quien pueda, verá quien soy.
Hay una mujer que en las tardes de otoño hace nido en el calor de su propia alma.
Ya no corre. Ni está insomne.
Hay luces que alumbran distinto.
Cómo el sol en otoño.
Llegué a casa.
Y me habito.