25 nov. 2008

Que ya es noviembre otra vez
y que las luces vienen a avisar otro diciembre y otra vez a terminar.
Tantos noviembres de repente apilonaron en mis ojos un montón de años.
Y así tan rápido ya es noviembre y en un segundo todo se vuelve tan igual.
Las mismas vueltas y las mismas preguntas sin contestar.
El mismo ruido que ya es casi un zumbido, un silencio gritón.
Y otra vez parece que todo se hubiera detenido en ese noviembre, que todo se hubiera roto para siempre de los siempres aquella navidad.
Casi duele igual
Casi el sabor rojo en la boca
Casi el ruido a cajones vacíos en el placard
Casi otra vez la parálisis y los dientes apretados
Casi igual el miedo, casi intacta la coraza.
Y es cierto que en esta ventana el sol brilla más.
Que no hay lágrimas, es cierto.
Ni nostalgia queda ya.
Sólo vueltas y más vueltas en el circulo infinito y perfecto de la libertad.
Se duerme impertinente ya este noviembre.
Pero deja la sombra de 31 días por pasar.
Por pensar que ya termina, que ya es enero. Que ya pasa.
Que esta vez quizás exista el milagro.
Y que las luces brillen de verdad.
Que no duela.
Que duela menos.
Que no venga el sabor rojo.
Que no me acuerde.
Que ya me olvide.
Que ya no marque.
Duro encontrarse otra vez la verdad.
Duro ver que ni por puta casualidad queda una ilusión.
Mucho es pedir algo de magia, una estrella no fugaz.
Alcanza y sobra con una noche de paz.
El tiempo se quiebra y por un segundo se balancea, adelante y atrás.
Gira todo, vuelve, empieza, y se vuelve a terminar.
Un instante puede romperle al alma el corazón
y un último bramido puede dejar en ese hueco
un cinismo eterno, cobarde y agotador.