8 nov. 2006

Nuestra historia sin fin

La última noche de aquel verano. El baile. El beso. El primero. El comienzo. La música de fondo. El cielo con las manos. La luna con una correa.
Los teléfonos prestados. Las visitas pactadas. Tus manos bajo mi campera. El invierno al aire libre. Recién enamorados.
Las cartas semanales, los chocolates diarios y el corazón arrullado.
Las familias, los hermanos, los amigos. Tener 15 años. Hace ya casi 15 años.
El árbol al borde del lago. Las vacaciones. Las primeras. El refugio en la playa. Nuestro lugar en el mundo.
Inconscientes, tan efímeros, tan certeros, tan reales, tan en serio.
Los dibujos, los retratos, los celos, las mentiras, las primeras.
Lo impensable. Destruida. La distancia, la primera de tantas por venir.

La otra oportunidad.
El orgasmo. El primero, el segundo, el mil. Conocerte de memoria, las formas, los gustos, los sabores, las marcas, la piel. Desearnos... a diario.
Las materias. El trabajo. Hacerse grandes. La casa por construir. Los hijos por venir. Las montañas. La piel quemada. La expedición.
Las culpas. Las otras mentiras.
Las almas casi gemelas, por caminos distintos.

La distancia otra vez. Profunda. Enorme.
Adormecerte de dolor. Roto hasta en las muecas. Llorando hasta en los sueños. Morirte de pena. Saber lo que se siente.
Y yo guardandote en el cajón del desvelo y las cuentas pendientes.
Y no olvidarte nunca. Jamás.

La última oportunidad
La otra primera vez. El viaje al paraíso escapándonos del final. La cama con flores, las noches desenredando sábanas y acomodando esta historia. Planeando.
Las velas, el yeso. La mujer que empecé a ser.
Amarnos tanto, tan dispares, tan juntos, tanto tiempo.
La seguridad de tus brazos. La inseguridad de mi alma. Hacer lo posible. Esquivarte la mirada.
La angustia, los gritos, los celos, volver, soportar. No puedo sin vos, no puedo conmigo.
La mentira. La última. La furia. Las lágrimas y ésta historia concluida más de cien veces...

La vida que sigue, los años viniendo, los buenos recuerdos. Saberme tu historia. Qué seas la mía. Saber que soy aquellos que fuimos y que habiendo mil amores.. nunca uno como el que tuvimos.
Idealizarte, demonizarte, volverte a idealizar. Perdonarte. Perdoname.
Buscarte siempre en esos ojos y encontrar algo tuyo en los otros hombres que amé, en la mujer que soy, en la niña que fui y que te regalé una vez en aquella cama rosa.

Y dirás una y mil veces que escribo y hablo difícil. Que doy pasos en falso pero siempre te bastó con mirarme por dentro para encontrarte.


Y nuestro último recuerdo, el menos gastado y más reciente. Hace poquito. Justo en uno de esos días en los que se me estrujan las certezas.
Verte aparecer tan de pronto, como mil años después. Inesperado. Presentido. Con el andar de siempre. Ir corriendo y sin más colgarte un abrazo del cuello y decirte Ahora estoy bien ¿viste?.
Hablar en la clave que nos dan las anécdotas, la vida compartida.
La complicidad. Las manos. La humedad de las pupilas. Tu historia. La mía. La misma.
Vos, yo y afuera el resto del mundo.
Acompañarte, cruzar la calle, abrazarnos, verte subir al auto.
Agradecer por lo bajo que estés cerca y que seas feliz.

Y finalmente, escribir estas palabras que no se parecen ni de cerca a la historia que quise regalarte. Y las frases que no se aquietan en mi cabeza. Y la mano que me tiembla. Y el fin del párrafo inminente. Y el universo entero de momentos que se me quedan encerrados. Y las sensaciones indecibles que se me agolpan en la memoria. Y lo muchísimo que me cuesta terminar este texto.

Por que siempre, lo más difícil de toda nuestra historia fue poner el punto final...