31 oct. 2007

Parecer (es)

Esta noche (31/11/07):
Parece que entendiste.
Que no, que la distancia esta vez no es parte del juego. Que no hay más vueltas por dar, ni cuerpos por desnudar, ni anillos por quitar.
Parece que mi ausencia hizo mucho más que mi presencia, que la guerra de egos terminó siendo una guerra fría y que ya ni cerca estamos de los que fuimos. Ya entendiste que no me alejé para que vengas a buscarme, que ya no busco tus manos y no por que no las necesite. Ya estamos más libres y el corte no me favorece.
Parece que te dormís a veces acordándote de mi risa, que me buscás a veces en los días fijos, en las rutinas. Parece que yo no puedo con todo. Parece que no nos queda ni la pena. ¿ Te acordás cómo era dormir en la cama siendo amigos? Parece que no voy a volver a enfermarte.
No hermano, no estoy triste ni enojada ni expectante ni asustada. Todo resultó cómo debía. Dos cuerpos, un triángulo. O dos.
Parece que ya no puedo idealizarte. Jugar juegos. A perder. A dejarse ganar. A no jugar más.
Lo extraño es que pasen los días tan iguales. Que vacía que es la nada. Que fríos se me volvieron los recuerdos. Que apretados se me quedan los dientes ante tus letras. Parece que los insomnios ya no serán compartidos.
Y me cuesta tu nombre y me olvido tu piel y me duermo de día y me pensás esta noche. La puta madre, cuanto cuesta soltarte. Liberaciones. Parece que ya pude. Parece que queda la nada. Parece que no queda ni la tristeza.
Update de esta mañana*(1/11/07):
Tu mensaje temprano en mi contestadora. Sabés que me levanto tarde. Tu falta de registro o de resignación. Mi negativa a atender el teléfono. Tu negativa a dejar de buscar. Resistencia. Liberaciones. Parece que el costo es alto. Parece que es cuetión de costumbre. Parece que no entendiste nada. La puta madre, cuanto te cuesta soltarme. No, no estoy llorando es sólo resfrío. La vida sigue amigo. Sólo que un poco más vacía.

29 oct. 2007

Limada

Números que no cierran. Arreglos en casa. Un guión a medio hacer. Promedio de 4 horas de sueño por día en la última semana. Mensajes.Trámites. Madre con principio de depresión. 20 cigarrillos diarios. Sol sin protector solar. Olvidos de comer. El teléfono que no para en todo el día. Un empleado con licencia durante un mes por intento de suicidio. Chicos nuevos. Cargas viejas. Ron con Coca. Fiesta de inaguración a mediados de noviembre. Cita en un bar pendiente. Cerveza de trasnoche en el Escandinavo. Tres horas de cola para votar. Encima ganó la yegua. Mi perro hijo con la medicación cambiada por su problema de tiroides. Volvió Soda. Vuelvo a ir. Mails. Roxanne. La lamparita de la cocina que se quemó está muy alta, muy alta y yo soy más bien enanita y no tengo escalera. Abogado, contadora y ART. Contrato. Invitación. Liberaciones difíciles de sostener. Ahijado enfermo. Cuerito de la canilla de baño roto (¿ alguien me explica cómo se cambia?). Tía sometida a abdominoplastía. Los espárragos nunca se cocinan bien. Amiga desaparecida. Amigo exiliado y perdido definitivamente. Dos kilos menos sin querer. Hormigas en la cocina. Escote. Dos libros a medio leer. Una historia que no termina de terminar. Fotos pendientes. Visitas guiadas. Rata. Más teléfono que no para, meta mensaje y llamado. Terapeuta de vacaciones. Valeria Lynch. Vivir sola. Otro cigarrillo. Ufa. Dolor de ovarios. Sobredosis de música. Falta de letras. Ausencia de palabras. El recuerdo de un beso en la lluvia, un paraguas y una flor. PC lenta. Vía rápida. El mundo que se vuelve muy pequeño demasiado rápido. Murciélagos verederos. Faltas con aviso. Ausencias sin permiso. Borrón y cuenta pendiente. Calavera no chilla. Pastillitas. Cerveza en la heladera. Mancha. No juego más.
¿Alguien me atiende el puto celular?

¿Faltará mucho para que me termine de volver loca?

Hagan sus apuestas.


Update*

Mi reino por volver un instante a esta tarde

25 oct. 2007

Cimbronazo

Tantas veces uno se encierra en su mundito, a vivir su propia vida, a guardarse sus propios anhelos, a cerrarse a los sentires, no vaya a ser cosa que vuelva el sufrimiento. No vaya a ser cosa que uno se enamore y no lo quieran, no vaya a ser cosa que uno se arriesgue y nadie lo sostenga, no vaya ser cosa que las cosas no sean como uno quiere y sean como deban ser.
Y entonces uno elige como vivir, con que riesgos, con que pasiones, previendo hasta donde dar para que no le quiten, hasta donde amar para que no duela, hasta donde soñar para no frustrase y la vida se va transcurriendo así, a conciencia. Uno se va fogueando, va superando lo que uno piensa que son grandes dolores, va descartando instantes, va volviéndose descartable. El círculo se va cerrando, los instantes nobles dejan de ser presente y así de a poco lo que duele va menguando y los tropezones ya no son caídas y los desprecios ya no son lágrimas y la mayoría del mundo se transforma en nada. Y los extraños, esos que no comprometen, que no aplican, que no suman por que tampoco restan parecen tomar cierta forma. Morfologías tan intangibles.
Alguien hoy me decía "Pero no hablemos más de mí, hay gente que tiene problemas más graves ".
Y cada uno en su mundito y con sus propios dolores sabe que la pena no tiene parámetros de medida. Al igual que la alegría.
Es que uno racionaliza, se cuida o al menos eso cree. ¿Uno deja de cuidarse cuándo se cuida de querer? ¿Uno empieza quererse cuándo sólo quiere cuidarse? ¿No compadecerse, ni permitirse decir no puedo con esto implica estar a salvo? ¿ Y quién lo salva entonces a uno de uno mismo?.
Y así anda uno por la vida creyéndose ya curtido, creyéndose ya sin lágrimas, creyéndose Super (man/woman o ambos).
Hasta que llega el cimbronazo.
Y entonces todo el mundito que uno se arma, tan limpito, tan acomodado se le va bastante al carajo. El mundo deja de ser nada. Y uno deja de ser el centro del mundo y pasa a sentirse un poco idiota. Idiota por haberse puesto tan a salvo cómo para olvidarse de las cosas que duelen. Idiota por ir por ahí con un discurso tan armadito, que por más irreverente que sea no conduce. Uno se siente un idiota por guardarse tanto detrás de la coraza, por alejarse tanto de las posibilidades. Uno comprende que ser tan valiente, tan valiente, indefectiblemente lo transforma en un cobarde. Y es a veces el dolor de los otros lo que a uno lo humaniza de un golpe.
Y ahí uno empieza a ver que el tiempo es finito, que sufrir es parte de tanto. Y ahí uno empieza a pensar un poco en otros munditos. Munditos que se están cayendo a pedazos por que se les muere un amigo, munditos que están preocupados por que se les enferman los chicos, munditos que tienen miedo a que les caiga de un zarpazo la vejez, munditos que transitan por primera y desgarradora vez el desamor, munditos que tienen miedo de comprometerse, munditos que están por ser padres por primera vez, munditos que están por perder a sus padres en cualquier momento, munditos que no se animan a dar el tiro de gracia, munditos de excesos, munditos de ausencias, munditos.
Y una vez más uno confirma que el dolor y el sufrimiento no son parámetros medibles pero a diferencia de un instante atrás, uno empieza a comprender que las corazas simplemente hacen que el camino sea un poco más lento. Que amortiguar el sufrimiento no es detenerlo. Que vivir adormecido es una forma más de conformismo. Y que a veces una buena cagada a palos emocional lo hace a uno un poco más humano.
Para todos esos munditos que hoy hicieron que empiece a mirar un poco para afuera. En especial para D que es lo suficientemente valiente para demostrar que tiene mucho miedo.

22 oct. 2007

Deje su mensaje después de la señal

¿Cuál fue el instante en el que dejó de existir tu ausencia? Hace pocos días te escribía sin nostalgia. Agua. Y me preguntaba si te acordarías de la noche de carnaval, de los momentos, de los rescates. Esta noche, con voz de niño crecido le decías a mi contestadora que ya te habías cansado de sentirte poco hombre y de que yo fuera mucha muchacha. Mientras vos le hablabas a mi nuevo número telefónico, en lugar de contestarte, yo empecé a pensar. Y claro, me acordé de tanto. Es cierto que no pasó tanto tiempo pero si pasaron tantas cosas. ¿Sabrás acaso que mi pelo está desde antes de ayer muy corto, que mi casa es nueva y mi risa menos estrepitosa? ¿Imaginarás que mis uñas siguen desprolijas, que mi cintura esta más fina y que mis sueño sigue plácido a pesar de la ausencia del hueco de tu espalda cómo almohada? Sí claro que también pienso a veces en vos. Y que yo tampoco encuentro mucho sentido a tanta nada. Pero uno se acostumbra ¿viste? A la nada digo. Y tampoco es cuestión de conformarse ni de insistir a toda costa. No, no estoy para nada enojada, quedáte tranquilo. Es que yo tampoco fui del todo sincera. Vos me viste irme corriendo aquella noche a otras manos escapándome de las tuyas. Claro que tampoco hiciste nada para agarrarme incluso me diste algún que otro empujón con tus palabras. Y fueron tantas, tantas las noches en otros brazos. Y si, para que te voy a mentir, fueron varios los abrazos en los que me dormí en este tiempo, incluso esos que vos conoces tan pero tan bien. ¿Excesos? Puede ser. Vos también sabés mucho de eso. Que no te llenan y que te hacen sentir helado en la cama que sigue vacía. Si es cierto que nadie se quedaba a dormir y que a nadie le cocinabas. Sí, yo si dormí en otra cama pero desaparecía bien temprano a la mañana. Dirás vos que no fuimos nada. Pensaré yo que no nos atrevimos. Y con eso no hacemos nada. ¿Sabías que ya no soy tan dócil y que últimamente ando de liberaciones? ¿Alguna vez supiste algo de mayúsculas? ¿Y de hadas?
No seas prejuicioso dale, ¿o acaso no te acordás de aquella mañana? No, no es que me haga la difícil ni que disfrute de verte venir con el equino exhausto. Es simplemente que no estoy tan segura de que nos debamos una charla. Las ausencias dicen tanto a veces.
Nosotros ya tuvimos Febrero, noches de carnaval y procesiones. Despertamos juntos todos los domingos del otoño y estrenamos la mañana del invierno. Julio nos puso un tanto inquietos. Y festejamos juntos el principio de nuestro Agosto.
¿Necesitamos realmente un Noviembre?

20 oct. 2007

Que extrañas formas toman a veces algunas liberaciones....

16 oct. 2007

Soft

¿Y entonces, cuándo llega la paz?
Cuando lo decís así bajito, para que no se queme. Cuando tomás partido, afrontás y resolvés. Cuando ponés el límite y de ahí no te corre nadie. No importa cuántas horas te hablen. Es entonces cuando te sentís más liviana.
Cuando ya no te tiemblan las manos para contestar las preguntas y estás dispuesta a eliminar los bloqueos. Cuando después de cerrarte y encerrarte, te sacudís la modorra del tiempo despacito y respiras la primavera. Ya dejaste de guardarte. Te reciclaste y tu amiga te sacó algún que otro miedo.Y otra festejó su cumpleaños. Y otra vino a quedarse con vos todo el sábado. Y tu mamá te llama contenta olvidándose de los moldes en los que no querés caber. Y ahí vas aflojando. Y no estás ya con las garras afuera, al menos no tanto. Y vas pensando de a poco que es verdad eso de que no tenés que ganarle a nadie porqué ya pelaste muchas peleas y no se puede vivir guerreando. Entonces un poco más te relajás. Y abrazás a tu ahijado tan fuerte, tan fuerte y le decís despacito que no se olvide de vos, que ya estás de vuelta y él te responde durmiéndose en paz en tu regazo. Y ahí te acordás de cuanto podés querer todavía. Y vas respirando. Y sí te cortan la luz prendés una vela. Y de a poco vas iluminado (te). Y al día siguiente sale el sol. Y tu casa tan tuya, tan tuya está completamente abierta. Y la limpiaste toda y te limpiaste toda. Las flores ya están plantadas, las fotos ya están puestas. Y salís al balcón enorme en minifalda y ojotas a esperar el verano. Y el atardecer te alumbra mientras te sentás en el suelo y te cebás un mate. Y tu perro te juega y prendés el cigarrillo número mil para aspirar todo ese olor a calma nueva. Y entonces entedés, después de muchos días de borrasca que la paz finalmente llega. Frágil, serena y furtiva pero llega. Y se queda un instante, hasta el próximo temblor.

13 oct. 2007

Agua

Febrero. Noche de carnaval y calor. Mucho calor. Calor denso, sofocante, colmado y húmedo calor.
Ellos y un encuentro que se había hecho esperar a lo largo de todo el verano, de todas las noches de ese hirviente febrero que ya venía a morirse. Los dos traían sus pieles ardidas de diferentes soles y un par de noches prestadas a otras manos. El encuentro estaba pendiente. Quedaron entonces, en verse a esa hora en ese bar. Sensuales al extremo.
Él, rigurosamente impuntual bajó del auto y se dispuso a cruzar hasta el bar. Ella tranquilamente puntual ya lo había visto pasar. Apuró el cortado ya tibio, pagó sus migajas y salió al cruce de esa avenida. El semáforo se puso en rojo y el asfalto de Cabildo los separaba. Tuvieron tiempo para medirse. Se olieron a la distancia. Él con su andar despeinado y su remera sin mangas, ella ceñida a un suelto solero blanco que demasiado insinuaba, las pieles bronceadas, los ojos fijos y el cruce de miradas. El semáforo dio luz verde y se encontraron a la mitad de la calle. Ninguno de los dos esperó. El atinó a rozarla. Ella ofreció su mejilla y la tibieza de sus descubiertos hombros, esos que él de inmediato aceptó y rodeó con su abrazo. Nunca se habían besado, nunca se habían tocado. Siempre se habían mirado.
Subieron al auto y él encendió el aire. Impetuosa, ella abrió la guantera y buscó los CD´s. Eligió y cuidadosamente al descuido sonó Bob Marley. No, mujer, no llores. Está noche no, que afuera es carnaval y la procesión empieza andar.
Y él la llevó de paseo a su infancia, a su historia, a su amigo. Ella aceptó gustosa el viaje y el roce incidental de la mano de él contra sus cruzadas y descubiertas piernas cada vez que ponía primera para arrancar. ¿Te molesto? dijo ella abriendo el juego en un amague de correrse
"Ni se te ocurra" dijo el tocando su muslo con firmeza. Y se rieron. Cómplices y deseosos casi por primera vez. La charla por momentos escaseaba. Ella adora pasear en auto de noche y a veces sólo a veces se deja llevar. El sabía llevarla, al menos esa noche.
Recorrieron todo Caballito, parte de Flores y toda la historia de él. Noche de roces, de manos viriles, de piernas cruzadas, de tacos altos y escote bronceado. Latidos acelerados.
¿Vamos a tomar algo a casa? dijo él. Ella, descruzando las piernas sonrió y dijo "Si" ante lo previsible. Sí a una copa de vino, sí a esos ojos negros tan de decir cosas, sí a esas ganas nuevas. Sí.
A esta altura Marley se había vuelto a Jamaica y B.B King le cantaba a Lucile.
Habían pasado dos horas desde que se cruzaron cruzando la calle y andando en ruedas y latencias llegaron al estacionamiento. Díaz Vélez y Yatay. A ella le dio un escalofrío. Es que esas otras manos estaban tan cerca, tan expectantes, ahí a unos metros. Por un instante dudó. Desistió. Era su amigo y era también amigo de él. Ya habría tiempo para eso. Y volvió a concentrarse en esos ojos negros. Tan negros cómo no recordaba haber visto antes.
Bajaron del auto y el sopor fue insoportable. El calor sofocaba, el vestido apretaba, el corazón se salía.
Implícitamente él había entendido que ella prefería hombre antes que caballero y entonces en lugar de abrirle la puerta del auto la sujetó de la cintura y le rozó el cuello con el olor de su piel.
Tenían que caminar dos calles desde el estacionamiento a la casa de él y lo hicieron en un silencio de palabras y a gritos de miradas. El beso no había llegado. La caricia se hacía rogar. El deseo había traído a esas almas un poco de revolución. Los labios ardían secos de tanto calor. El abrazo a la cintura, certero, prometedor.
"Acá es " dijo él soltándola para buscar las llaves. Ella, perdida sin esa mano se acercó.
¿Puedo abrir? y sin esperar respuesta le quitó las llaves de la mano y entró. El se quedó un tanto perplejo y la miró pasar, cómo haría tantas veces de ahora en más.Un piso por escalera. Ella iba adelante cómo si conociera el camino. El la secundaba absorto en las formas que adivinaba bajo el vestido blanco. Sin darse vuelta ella sentía por primera vez la mirada. Esa mirada que se iniciaba en lo recogido de sus rulos, bajando por su nuca para detenerse un instante, eterno y caliente, en el hueco de su espalda descubierta. Y podía sentir sus ojos bajando aun más hasta rozarle la curva firme de su cintura y siguiendo al sur por la redondez de sus glúteos. Y ella, que sabía que él no aguantaría más en poco tiempo, al pisar el último escalón sonrió segura, al sentir el roce de su mano subiendo por la parte de atrás de su pantorrilla. "Son lindas tus piernas" dijo él a sus espaldas. Ella giró la cabeza, respondió con esa sonrisa y siguió caminando. Él se le adelantó e interrumpiéndole el paso se le plantó en frente. Con la dulzura de un elfo le tomó la mano, le abrió uno a uno los dedos de muñeca desprolija y le sacó las llaves robadas. "Dejáme llevarte" y ella lo dejó, cómo lo dejaría tantas veces. Lo dejó.
Entraron al departamento. Cálido, masculino con colores calientes. El cobrizo de las paredes reflejaba la piel de él, el verde del tapiz en los ojos de ella y el calor del ambiente se sumaba a la latencia. El vino estaba tibio, Luigi Bosca sin querer. El favorito de ella. Desde la barra del comedor donde se sentaron se adivinaba la forma de la cama en la habitación. Serena, paciente, concreta. Perfectamente fresca y armada. Expectante.
"Prendo el aire" dijo inquieto él
"Dejáme el calor" se acomodó ella, robándose esta vez el control remoto.
Él puso música dejándole a la radio el azar de la banda musical. Sonó Prince, sonaron los Doors y capaz algo de Madonna, Like a virgin quizás. La botella de Luigi se moría, la charla se animaba y las distancias se acercaban. Ella, que ya había recorrido mil veces con la imaginación esos brazos asomados en la remera sin mangas que tanto le gustaba, se sentía intimidada.
Intimidada por esos ojos que la recorrían hambrientos, que la miraban concisos, que la buscaban despacio.
Él, que había besado de lejos y con ansias tremendas esa piel arrebatada, se sentía embrujado.
Embrujado por esos ojos que lo miraban risueños, que lo esperaban chispeantes.
La botella de Luigi terminó de morir. Quedaba sólo agua fría en el refrigerador. Las bocas sedientas, de agua, de vino, del otro.
El extendió su mano a la forma de la cara de ella. Ella levantó la frente y lo miro un tanto desafiante. Él se levantó de su silla y se acercó.
"Traéme agua fría" dijo ella. Él lo tomó literal y fue a la cocina. Ella se rió por dentro. Empezaba a gozar.
El volvió con una jarra helada y la rozó. El brazo, las muñecas y la miró. Apoyó la jarra en la mesa. Ella seguía sentada. Él caminó tres pasos y con las manos todavía húmedas la tocó. En la nuca, bajo los rizos. La tocó.
De fondo Los Piojos gritaban "Agua, cómo te deseo, agua, te miro y te quiero agua, corriendo en el tiempo".
Cantando ese estribillo y mirándola a los ojos él se acercó y le envolvió la cara con sus manos, tal cómo a ella siempre le había gustado.
"Dame agua" gimió él y finalmente la besó.
La besó con un beso intenso, de origen, con sabor a carnaval. La besó y ella respondió y también lo besó con un beso sediento y de pronto todo fue humedad. Las pieles, los ojos, las manos, los deseos.
Ella se alejó de su boca un instante y a la vista de él se mordió los labios. Y entonces él comprendió. Ella había venido sólo a darle más sed. Agua, dame. Tomá. Sed. Saciáme. Secáme. Mojáme. Agua.
En la habitación la cama esperaba para escuchar gemidos, para sentir formas, para ahogarse de transpiración. Una vez volado por los aires el vestido ceñido y la remera sin mangas, ella y él jugaron a entregarse. Y se entregaron a tanto. A dedos atravesando espaldas, a bocas mordiendo bocas, a manos acariciando formas, a lenguas lamiendo partes, a almas saciándose la sed. Por mil noches sedientos del otro se buscaron y cuándo acabaron de gozarse amanecieron abrazados. Hasta que la sed se sació pasaron muchos meses incluso hasta llegaron a cobijarse durante el frío agosto de sus nacimientos. Hasta ese Agosto llegó la sed. Y un silencioso "hasta siempre "fue el final.

11 oct. 2007

Vaticinios

Tendrás días en los que necesites salir
y mezclarte con la gente y perderte en el enjambre de la peatonal Florida o quedarte parada en el medio del mundo o del barrio chino y que te empujen, te golpeen, te arrastren.
Tendrás días de flores en las macetas y nubes en el cielo. De girasoles que no giran y canciones que no suenan.
Tendrás días sin mates tibios y fotos de risa, en los que tu independencia será una cárcel, tu refugio una trinchera y tu soledad una carga. Así te irás a la guerra.
Tendrás días de estar lejos, caminando entre las nadas, releyendo las mismas letras, olvidando las palabras.
Esos días tendrán también sus noches, amplias y avejentadas en las que andarás viejos caminos y querrás retractar decisiones tomadas.
Tendrás noches de limpieza, empezarás quizás por las tazas y te sentirás tan cansada y entonces cerrarás el agua que gotea detergente y a las dos de la mañana tendrás ganas de dar tu reino por tener a mano cualquier mano con cualquier mirada.
Tendrás noches de estar enjaulada en esas cuatro o cinco opciones que sentís que te tienen rodeada. Noches en las que ese té de miel y chocolate no tenga gusto a nada. Y cuántas, cuántas serán esas noches hermana...
Tendrás noches de querer volver a cualquier abrazo del pasado, sin que te importe un carajo cuánto futuro te quite cada segundo de más en esos brazos.
Tendrás noches de estar harta de seguir pagando el costo de no vivir con la cabeza agachada y mirarás entonces viejas fotos o secarás antiguas lágrimas sintiendo que poco vale nada. Tan vacía de no esperar nada.
Y esas noches y esos días serán muchos. Y andarás estaqueada, esperando robarte un pedazo de algún sol que ande sobrando por ahí, insistiendo con qué es mejor así y que un desgarro más sigue siendo necesario. Tan cansada de correr a volver a escribirte. Tan cansada de andar deambulando hasta en tu propia cama. Tan casada de andar siguiendo tu propia nada.
Seguirás resistiendo amiga, un poco más y hasta siempre por que en definitiva y muy muy en el fondo seguís sintiendo que no querés despertar ni un solo día en la piel de Bernarda.
Pero en esos días y esas noches no será eso ningún consuelo y sin querer se te vendrá la madrugada, a ponerle límite a tanta desgana. Y mañana será otro día y seguirás buscando entre la gente caras.
¿Y cuál, cuál será el esbozo de la siguiente instancia? Pensar que son sólo momentos, que otra vez, todo pasa. Creo.


Este post surgió siendo muy personal, narrando sensaciones mías de esta noche, pero a medida que lo fui escribiendo recordé charlas, comments y mails que me llegan de muchas de las personas que leen este blog, muchas de ellas grandes amigas así que, este post se transforma entonces en un regalo para todas ustedes amigas, para todas las que están siempre viniendo a coincidir, a ponerle una cuota de aliento mis tropiezos, a contarme los propios, para las que aprenden todos los días a reírse un poco de sí mismas, para todas las que a su manera y con su propia historia a cuestas deciden, con lo que eso cuesta, no vivir agachando la cabeza.
Para ustedes Amigas: Ale, Cele, Vero. Tsukinota, Sibila, Verborrea (más que nunca), Lola, Giovi, VilmaP, Cronopio, Daniela, La Peque, Ana, Rochie, Lucy, Uma, Swimming, Verónica, Araña y las que me estoy olvidando y a las que sé que leen y no comentan como Euge, Sofía y Ceci entre muchas otras.

Update*: Después de recibir varias quejas por diferentes medios, entendí que pasé por alto una parte muy importante de los componentes de este post. Cometí la torpeza de dejar a fuera de la dedicatoria a los muchachos de este blog. La otra parte del comienzo y el fin de todos estos sentimientos. Los hombres, que también me traen sus letras, sus razonamientos, sus aprendizajes, su certidumbre y sus halagos. Gracias amigos. Para ustedes también Boys: Ciru (gracias por las lágrimas), Mayfly, Joker, Smart, Medias, El Poeta, Agus, Andy, Ol, Jorge, Deg, Mostro, Lolo, R.P, Mentes Sueltas, Matu, Yukio. Y tambien, muy también, para todos los de la vida, los que me inspiran, los que están en mi historia, los que aparecen en estos escritos sin nombre ni apellido pero que tienen una imagen grabada a fuego en mi cabeza, mi alma o mi piel. Los de mi historia.

8 oct. 2007

Pobre Bernarda

Hoy después de tres afiebrados días descubrí con horror que me había quedado sin Novalgina, cosa que en estos momentos me es más vital que el agua (literalmente). Arrastrando los 38.3 me fui derechito al Farmacity amigo.
Lo re buenísimo de vivir en la zona que vivo es que todo está a un paso y que tengo muchos, muchos Farmacity cerca. Opté por el de Cabildo y Palpa. Entré compré y me fui a la caja. De las tres cajas que tienen sólo una estaba habilitada y encima cobraba Pago Fácil. La puta dije yo y me dispuse a esperar los por lo menos 15 minutos de cola.
Delante mío había dos señoras en sus 60. Paquetas de Belgrano, bien arregladas, bastante juveniles, pelo lacio al hombro con claritos, anteojos de sol en la cabeza y bremer con el logotipo del polista (Ralph Lauren creo que es). Hablaban bastante alto y yo estaba bastante aburrida así que me dispuse a escucharlas (las cursivas son mías)
Paqueta 1 - ¿ Y Bernardita tanto tiempo sin verla? (ja! a que le dicen Bernie)
Paqueta 2- No me hables mejor. Esa chica es un problema
Paqueta 1- Sigue igual por lo que veo
Paqueta 2-Yo no sé mirá. No entiendo. Tiene todo lo que cualquier chica quisiera ( a esta altura tenían las paquetas, toda mi absoluta atención, apostaba mi fiebre a que paqueta 2 diría lo que iba a decir)
Paqueta 1- Y claro, tan jovencita, tan divina. Con ese pelo que tiene (lacio y rubio seguramente)
Paqueta 2- Con 27 años, un marido divino como Alvarito que la tiene como una reina, tiene el mejor trabajo 4 horas en el estudio del padre, le sobra tiempo para lo que quiera, con esa casa divina que compraron en el country, y ella que me viene con que no sabe que le pasa, que no era esa la vida que esperaba, que quiere abrirse paso sola ...(paqueta 2 se angustia)
Paqueta 1- ¿Y Alvarito que dice?
Paqueta 2- Alvarito pobre santo, tan divino. Cada vez que veo la foto del casamiento me enorgullezco tanto (ZaZ!! Sabía que nombraría la foto del casamiento, lo juro). El no entiende nada. Ella salió de la nada con que no sabe si lo quiere, con que así no es feliz yo no sé..
Paqueta 1(pendenciera había resultado) - ¿Vos decís que Bernardita andará con otro?
Paqueta 2 (ofuscadísima)- ¿Cómo me decís algo así de mi hija?. Bernie no es de esas, si apenas dos noviecitos tuvo antes de Alvarito. No se habrá casado virgen, bueno, pero ahora nadie lo hace. Hay que adaptarse.
Y les tocó el turno en la caja y yo no pude seguir la charla y me mordía la lengua, los dientes y la laringe para no decir nada. Y me salía de la vaina.
Entonces llegué a casa medio encabronada y me puse a escribir esto para la mamá de Bernarda y para la Bernarda que todas, en mayor o menor medida, llevamos adentro:
Vea señora que se puede ser mujer de otra manera y no por eso ser una de esas, se puede elegir con quién dormir y con quién NO dormir, se puede elegir dormir con uno distinto cada noche y se puede elegir incluso dormir sola y no por eso ser una de esas. Se pueden elegir los libros en lugar de utilísima, se puede tener fe sin ir a ninguna iglesia, se puede pensar sin pedir permiso, vivir sin pedir disculpas y tener sexo sin tener culpas (y conste que fui educada y dije sexo en lugar de coger, por que Ud. es una paqueta). Sepa también señora, que se puede trabajar mil horas por el placer mismo de pagarse sus propias cuentas, comprarse sus propios libros y tomarse sus propias cervezas. Se puede ser mujer así también señora. Teniendo hijos y no quedándose en casa a tirar la vida a ningún lado. Se puede estudiar por mandato, cómo seguramente estudió Bernarda pero también se puede estudiar con pasión, con el alma, con insomnios maravillosos, con esperanza. Se puede apasionarse y está bueno. Y sí claro, sin dudas la vida no es tan segura de esta forma. ¿Y qué? Se puede tener miedos y asumirlos y aceptarlos y eso señora es muy distinto a ser cobarde. Y no, claro que yo no sé coser, ni bordar, guisar pero abro todas las puertas para jugar y si me las cierran salto por la ventana. Si señora aunque me cague a golpes cada rato.
Y no señora, no es que yo sea feminista, detesto los absolutos, pluralidad que le dicen. No, no, tampoco soy una lesbiana resentida ni una solterona fracasada. Estoy llena de vida señora. Soy otro tipo de mujer. Disculpe si la ofendo con mis dichos, disculpe y rece que no me cruce por al vida un día de estos con Bernarda. Ah!!! una cosa más, me olvidaba. ¿Si lo ve a Alvarito le dice de mi parte que es un pelotudo?.
Bueno che! me hizo enojar.

4 oct. 2007

Empaque

Ahh!! ahora entiendo.
¿Vos te sentiste descartable? ¿Vos, que no esperás ni necesitas nada? ¿Vos también te sentiste descartable? ¿O era yo? ¿O no sos vos, soy yo?
Empaque, embalaje, su ruta. Descartable.
Me canso. Hasta acá. Cuánta locura.
No jodas. ¿En serio? ¿De verdad te sentiste descartable? ¡JA!
Si claro yo tan dulce, tan linda. Si. No sé fijate. Manejalo.
Basta de paja mental. Boludeces no.
Me llevo mis rulos. Te dejo un beso. Comete un chocolate.
Yo me voy a colgar la ropa
¡Cariños eh! ¡ Que andes bien.

2 oct. 2007

Fantasma

Vas caminando por Cabildo y son las dos de la madrugada. Hace tiempo sumaste un miedo que es caminar por las calles de noche pero esta vez vas abrazada del brazo más seguro, con todos los huracanes soplándote por dentro eso sí, pero seguís caminado. No sabés cuánto más vaya a quedarte por sentir y entonces aprovechás porque la charla fue intensa, conmovedora y no hay respuesta final. Y por eso, con más razón te abrazás a ese brazo y disfrutás de reírte un poco de su renguera y pensás que capaz sí puedas cuidarlo.
Pero el aire de golpe se pone raro y empezás a mirar a todos lados; es que claro el radar siempre está activo y el miedo, que no es zonzo tampoco es olvidadizo.
Entonces escuchás en la vereda de enfrente que ella, sentada en un umbral llora a los gritos mientras que él, también a los gritos la insulta, la tironea, la fulmina. En uno de los tirones ella se levanta, camina y se frena y él la arrastra y la insulta y le grita. Y vos, en la otra vereda intentás apurar el paso que hasta recién era rengo y alegre. Y a la mierda se te fue la risa porque llegó el fantasma.
Detrás tuyo siguen los gritos y se escucha, previsible, el sonido del golpe que inevitablemente iba a llegar. Después, el por favor basta de ella y silencioso, casi cómo una súplica llega el por favor basta tuyo también. Basta. Soltála. Dejála. Andáte. Y no vuelvas nunca fantasma hijo de puta.
Las cuadras y los gritos quedan atrás, la madrugada sigue. Unos besos, otro bar, papas fritas y el fantasma que se vino con vos. Se quedó toda la noche sentado en la mesa de en frente, tomándose una ginebra, mirándote de lejos con esa risa socarrona que tiene el que se sabe omnipotente. Y vos, que ya sabés de que se trata le das pelea y te reís y te quedás cerca de ese abrazo. Y que pena que no pueda abrazarte por dentro. Y que pena que no pueda evitar que mires para atrás a cada paso. Que pena que no pueda exorcizar al fantasma y echarlo para siempre. Y no vuelvas nunca fantasma hijo de puta.
La noche pasa y te despertás tranquila, sola y pensando quizás sí. El día es un buen día y llueve pero vos podés trascurrir tu casa y el tiempo que es todo tuyo también. Hasta que llega el escalofrío y buscás, mirás y agradecés no tener cortinas que escondan fantasmas. Ficción, igual está. Todo el día te persigue y se sienta a tu mesa, se toma tus mates, acaricia a tu perro, te lava los platos y capaz si te descuidás, se te mete en la ducha. Te mira cómo si nada, macabro y vos, que ya estás tan acostumbrada a tenerlo en tu vida, te le volvés a plantar y le decís que ya no importa que te persiga, que ya no importa que te asuste, que ya no importa que le hayas regalado media vida porque sin dudas ya no puede tocarte. El fantasma ya no tiene futuro y lo sabés. Lo dejaste fuera hace tiempo pero de venganza el te dejó cargando miedo. Te dejó el veneno, te dejó huyendo en cada madrugada, te dejó llorosa, cobarde y asustada. Te dejó la sensación de la felicidad efímera, de los abrazos mentirosos, de las huidas tempranas. Te dejó con la certeza cansada de que todavía falta mucho para que vuelvas a estar intacta.
Basta. Soltála. Dejála. Andáte. Y no vuelvas nunca fantasma hijo de puta.




(¿Ves el fantasma en la imágen, ves como me enmudece, cómo me vacía y cómo me ata? ¿Ves cómo le disparó a mi cabeza? ¿Entendés?)