3 jul. 2007

Gris




El invierno se había instalado despacio, bajando casi imperceptiblemente los grados hasta dejar la cama congelada, los pies entumecidos y los ojos con lluvia.

No parecían tan lejanas las noches de carnaval, las flores blancas y el olor a navidad. El calor, el tren y las montañas. Las amigas, las noches y el Big Ben estaban hasta ayer casi al alcance de la mano. Fresquito todo en la memoria y en los cuentos de niña nueva.Y así de repente el invierno. Todo gris. Pasivo. Agobiado.

Gris, pasiva, agobiada ella también.
Había estado ultimamente en silencio, golpeándose la trompa contra pesadas puertas que no se cansaban nunca de decirle lo enviciada que estaba. Si es cierto, que ella no es de las que golpea antes de abrir sino más bien de las que abre directamente para después escapar por al ventana pero esta vez parece no haber ventana. Ni rendija. Ni nada.
Tan quietas las manos, tan muda la boca, tan frustrados los ojos.
" Que extraño, ella no es de las que se autocompadecen" pensaban muchos cuándo la escuchaban hablar del asco.
Afuera todo se ponía más gris. Gris invierno. Gris triste. Gris desarraigado. Gris sin lugar para buscar abrazos. Gris de reconocer los desprecios. Gris que duele. Gris miedo. Gris.
Muda, sin voz, descolorida ya ni siquiera esperaba que con la primavera llegara algún color. No encontraba posibles finales felices y lo que es peor, no esperaba nuevos comienzos.
Es que finalmente había entendido aquello que El una vez le dijo "Todo necesitamos alguien que nos quiera, incluso vos".
El problema también era que recordaba exacta y eternamente el momento y las palabras que la habían escondido para siempre detrás de un cinismo sepulcral.
Así siguió entonces eternamente envenenada, arrastrando soledades, dejando puertas a medio abrir en el camino. Con las manos rotas, los ojos viejos y la consciencia trunca. Conformándose cada tanto con un poco de alivio.