31 ago. 2007

Irreversible

Cuándo la conocí teníamos 4 años. Ni quiero sacar cuentas a esta altura. Eramos compañeras de sala verde del jardín nº 4 de Munro. Ni tengo idea cómo fue que nos hicimos amigas. Pero así fue. Resultó entonces que además de ser compañeras de sala verde de jardín eramos también vecinas. Ni tengo idea tampoco cómo fue que nuestras mamás se hicieron amigas. Y arrancamos. Ella siempre iba de rosa. Yo desalineada. Ella tenía muñecas. Yo libros. Ella era tímida. Yo charleta. Eramos sombra una de la otra. Jugábamos a ser grandes. Armábamos caminos. Cantábamos canciones. Corríamos carreras. Y siempre salíamos empatadas. Ella y yo. Siempre mezcladas. Dueñas de todas las tardes. Amigas de todas las nubes. Espectadoras de todos los cuentos. Jugadoras de todos los juegos. Transitamos juntas todos los tiempos.
Juntas comulgamos. Juntas festejamos cumpleaños. Juntas corrimos por primera vez por la playa. Juntas estrenamos bikinis. Juntas, una mañana cualquiera dejamos de ser chiquitas. Juntas nos enamoramos. Por primera vez a los doce. Y del mismo muchacho. Juntas volvimos por primera vez de día a casa. Juntas fuimos al primer recital. Juntas tanto. Siempre. Ya habíamos compartido, a esa altura, más de media vida. Hace ya más de media vida.
Ella estaba cuándo lloré el primer llanto desgarrado. Ella perdonó mis ausencias de niña enamorada. Yo estaba cuándo aquel primer EL la dejó, rota y desolada en esa pista de baile. Yo estaba cuándo ella se volvió hermosa. Ella estaba cuándo tuve que correr a contarle que ya me había "hecho mujer". Y siempre nos cubrimos. Y nos rescatamos. Y nos unimos. Y yo lloré con ella cuándo un amor se le fue corriendo para el otro lado del mundo. Y también estuve yo cuándo ese amor le volvió de sorpresa una tarde cualquiera así cómo si nada. Y recuerdo tan claro cómo noté que ya era tarde. Y ella nunca me lo dijo. Y yo sin embargo lo supe.
Y ella estuvo cuándo yo me desenamoré la primera vez. Compartió la culpa de mi primera infidelidad. Cargó conmigo el peso. Me llevó de la mano a hacerme valiente. Y me abrazó tantas veces. Y nos dijimos tantas veces tanto sin decirnos. Ella y yo llorando hasta reírnos. Riéndonos hasta llorar. Hasta hacernos pis. Hasta hacernos grandes.
Juntas descubrimos lo imposible de la muerte. El sin retorno del desamor. Juntas aprehendimos a mentir. Juntas supimos también arrepentirnos. Juntas planeábamos criar a nuestros hijos. Juntas planeábamos. Distintas mujeres transitando la misma historia.
Y ella un día se enamoró cómo nunca nadie amó. Yo ví venir su torbellino. Vi cómo cambiaron sus ojos. Supe antes que ella que era para siempre. Juntas lloramos por aquel embarazo perdido. Yo quería arrancarle a abrazos ese dolor. Quería atravezarlo por ella. Quería cargarlo todo. Yo era más fuerte.
Juntas nos sentamos en el registro civil. En el mismo libro dejamos las firmas. Ella señora. Yo testigo. Siempre. Yo estaba cuándo se vistió de novia. Juntas llegamos hasta la mismísima puerta del altar. Juntas lloramos en un abrazo de para siempre en el atrio. Estaba tan hermosa. Tan blanca. Tan feliz.
Y después la vida. Las distancias. El orgullo. Los enojos. Lo absurdo. Y el silencio. Y nunca más.
Y ya no estábamos más juntas. Y a mí se me rompía el llanto de sólo pensarla. Y cuándo me quedé sin nada de vida tampoco estaba ella. Y yo la necesitaba. Y la extrañaba. Y quería contarle que "me escapé de un infierno amiga" y que ella no necesitara que se lo diga. Y yo quería que me hiciera un mate y me contara historias de niñitas. Y sin ella me recuperé. Y sin ella me hice la que soy hoy. Y me duele. Y enojada y todo la extraño. Aunque no la entienda igual la necesito.
Hoy supe por chismes de ella. Está embarazada. De tres meses. Y yo no estoy con ella.Yo no ví su test. Yo no la acompañé en su miedo.
Y cuándo supe me dije agarrada a mi orgullo que no me importaba. Y a los diez segundos ya me imaginé su panza. Y quise correr a abrazarla, quise correr a que no me importe nada. A decirle que no tenga miedo. Y la llamé. Después de 4 años. ¿Qué son 4 años contra toda la vida?. Pero ella no atendió.
Y ya no me importa el orgullo. Ni el mío ni el de ella. No me importa que otra vez ella cierre la puerta. Yo quiero ir a buscarla.
Y ya me la imagino, llorando y riéndose al mismo tiempo, cómo hace siempre que tiene miedo. Y ya se cuál es el nombre de su hijo. Eso también lo pensamos juntas de chicas. Ya sé que prefiere varón pero que no lo va a vestir de celeste. Sé que si fuera por ella elegiría cesárea porque el parto normal la impresiona. Sé que seguramente nunca tendrá antojos de frutilla porque las odia y más si tienen crema. Sé que será una madre obsesiva pero cariñosa. Tranquila pero firme. Sé qué tiene tanto para decirme. Y yo tengo tanto para decirle. Qué se nos pasaron tantos días, amiga. Qué nos perdimos tantas horas. Qué es tan absurdo el orgullo. Que te esperamos tantas veces. Que no se cómo podemos perdonarnos. Que siento tantas cosas que no me alcanzan los alfabetos para escribirte. Que esta ausencia no me cierra por ningún lado.
Sé también que es demasiada la distancia. Y es irreversible.
Pero más irreversible es la historia. El dualismo de dos vidas y la misma historia.
Voy seguramente a darle este escrito.
Y cuándo leas Nati, este final sabé que lo irreversible se ha torcido, al menos para mí, en la inminente curva de tu panza.
( Y yo que pensaba que me había quedado vacía. Sin nada para dar. Qué me había vuelto piedra . JA! ¡¡¡Por dios, que semana!!! ¿Alguien sabe dónde reparan corazones?)

29 ago. 2007

Mi mamá me ama

El sol entraba presuroso por la ventana este mediodía. Mamá y yo compartíamos un almuerzo que nos debíamos hace tiempo. Yo, en mi intento por ser simple decidí resistir sus embates con algo de comprensión. Pero mi mamá me ama. Y sin querer toca siempre mi cuerda floja. Y el amor no justifica lo sé. En realidad me mueve los fantasmas. Ese miedo ancestral que me inculcó con su amor incondicional desde siempre. "Si no cambias vas a quedarte sola" me decía cuándo de chiquita yo cambiaba las muñecas por un libro. "Si no cambias vas a quedarte sola" me dijo este mediodía cuándo me asumí libre frente a ella. Yo sé que me encierro mamá. Yo sé que te duele. Yo sé que quisieras ya tener 15 nietos y mi foto de novia en tu aparador. Yo sé mamá que querías a Susanita y te salió una mezcla de Libertad y Mafalda. Yo sé mamá.
Ella siguió con su monólogo este mediodía " Qué te encerrás, aunque entiendo que necesites tu espacio", "Que siendo cómo sos entiendo porque tus relaciones fracasaron", "Qué se hace muy difícil quererte así".
Entonces ahí me toco el miedo. Me resucitó el fantasma de la "no querida", de la que "poco vale", de la "rara", la "culpable". Y a pesar de todo yo me defendí " No mamá no fui yo la culpable, no es válido el maltrato, no es válido ser cómo un mueble, no es válido el desamor bajo ningún punto de vista mamá" Y me cerré. Yo, la que quería ser simple, genuina y transparente me cerré y miré el sol que entraba por la ventana. Y así no más se me quebró la convicción. ¿Y si tiene razón? ¿Y ´si es mi culpa exclusivamente?
Y claro lógicamente, racionalmente sé que no la tiene.
La tarde se hizo larga y atragantada me quedaba esa angustia de niña desolada. Y se me cayeron todas sus espectativas en la cabeza y se mezclaron indisolublemente con las mías. Entonces empezaron las preguntas ¿Nada vale la supervivencia? ¿Nada vale el andar con los pies sobre la tierra? ¿El ser independiente? ¿Fuerte? ¿Feliz? ¿Nada de todo eso vale si no tengo un muñeco de torta parado al lado? ¿De verdad por elegir distinto voy a quedarme sola?.
"Será un momento" respondí para cerrarle el tema. Y me acordé cuándo jugábamos a las princesas. Cuándo ella me contaba el cuento de la reina que algún día yo sería y cuándo yo me lo creía. Este mediodía mamá y yo quisimos volver a jugar a las princesas. Ella vio que se había esfumado su Cenicienta. Yo sentía que me había convertido en piedra. Otra vez.
Las lágrimas salientes me acompañaron el resto del día. Es verdad algo de lo que ella dice. Me cierro cuánto más ella se acerca. Me aislo cuánto más doloroso es el tema. Me cuesta pedir ayuda. Ni hablar de pedir perdón. Me cuesta decir "Te quiero". Me cuesta infinidad de vida, el miedo a que no me quieran. Una vez más.
Fractura expuesta del alma Mamucha. No me sirven las curitas. No me conformo. No me alcanzan.
Termina la noche. Mamá duerme tranquila y yo lloro y me quedo con el terror absurdo de no ser nunca más merecedora de un buen abrazo.
Mañana seguramente saldrá el día. Y yo sabré otra vez que no soy espejo de tu alma mamá. Ni de la de nadie.

28 ago. 2007

Andando por ahí

Lunes 6 de la tarde. Abro la ducha, subo el volumen de la música y me meto a bañar.
La casa esta sola y yo feliz. Con esa felicidad infundada que me apaña últimamente.
El agua muy caliente, cómo a mi me gusta se filtra por mis labios impactando directamente con el tarareo que salía de mi boca. La espuma del shampoo corre carreras por mi espalda y llega invicta hasta mis pies. La música sigue. La felicidad infundada también. Ojos cerrados, pelo revuelto, manos rugosas y a cerrar la canilla.
La toalla blanca, limpia y calentita me abrazó. Envuelta cómo niña envuelta me quedé un rato largo. Aspirando el vapor. Mirándome las piernas, las uñas de muñeca desprolija y en el espejo la cara de varón que siempre me veo cuándo salgo de la ducha.
Crema en el pelo, en las piernas, en los brazos y en el alma. Suave.
Sin cuidado y a medio vestir deambulo por la casa. Cantando esa nueva canción que hoy escuché otra vez.
Cada tanto algún espejo detiene mi andar sin rumbo y hace que le sonría de reojo a mis ojos y a mis formas. Mi cuerpo y yo hemos aprehendido a convivir.
Los parlantes me apresuran para que intente un movimiento de caderas sin que les importe ni un poco lo horrible de mi baile. Bailo un poco esquivándole al frío.
Busco en el revoltijo esos jeans, los cómodos, los de estar tranquila, los del transcurrir. Polera negra resaltadora de ojos y disimuladora de excesos. Básica ella. Básica yo. Las botas de andar la vida y los aros de las violetas le cierran perfecto a esta simplicidad.
Dudo con respecto al perfume. Desisto. No quiero trucos. Esta noche al menos no. Hoy quiero ser simple.
Me hago en el pelo una cola y le doy permiso a algunos rizos para que deserten de las filas de mis horquillitas represoras. Poca luz en mi maquillaje. Mínimo el negro de las líneas de mis ojos. No es tarde de ausencias, no quiero que sea noche de posar. Quiero ser transparente aunque eso me haga dejar mucho que desear.
Sumo unos pesos a mi billetera y vuelvo a cantar la canción. Mi perro-hijo me mira pasar. Me sonríe con su cola y nos ponemos a jugar.
En mi teléfono suena un número que no quiero contestar. Media vuelta más de tuerca y un baile más. Dejo la fiebre de este resfrío en la otra cartera y cargo algo de vergüenza en mi bolsillo de atrás.
La noche está casi tibia. La primera noche tibia del último invierno quizás. Me río sola pensando quién sabe en que. "Y tu débil resistencia, si te miro" canta mi mp3 y entonces vuelvo a sonreír y pienso en cómo sería eso de gritar lo que los ojos dicen y las palabras no pueden hablar. Alguien me espera en una esquina y me sorprende con un libro a medio comprar. Prendo el primer cigarrillo de la primera charla y salimos a caminar. Un nuevo perfume me impregna los sentidos. Huele a irreverencia y a simplicidad.
Irreverente y simple justo así, es cómo esta noche yo quería estar.

11 ago. 2007

Mucha Muchacha

"Es que me das... no sé. Tenés una forma extraña de ser mujer. Tus tacos son demasiado altos, tu escote demasiado profundo, tus ojos demasiado verdes, tu risa demasiado alegre, tu trabajo demasiado rentable, tu independencia demasiado libre, tu desnudez demasiado desnuda, tus lágrimas demasiado escasas, tus uñas demasiado rojas, tu piel demasiado cálida, tu sueño demasiado plácido, tus huidas demasiado prontas. No sé, sos cómo mucha mujer" Dijo él.
"O vos poco hombre" contesté yo.
Llamativamente lo tomó en chiste.
Llamativamente yo no.
Llamativamente recordé que últimamente varios me han dicho que soy transparente.
Llamativamente entre ninguno de ellos estaba él.
¿Llamativamente?
Después, cuándo él ya se había ido con su media hombría a otra parte me perdí en los abrazos de esa otra mirada. Las luces del bar ya estaban apagadas y por la ventana entraba impertinente la mañana.
Me fui a dormir sola. Subida a mis tacos y escuchando lo alegre de mi risa. Con toda mi femeneidad a salvo y el perfume que me dejaron los abrazos de miradas en la piel.

10 ago. 2007

MARISA*

Un día de estos, mientras caminaba no se bien por que callecita de Almagro me topé con ella.
No entendí cuándo el mundo dejó que se cruzaran las fronteras tan así por que sí cómo para que ella, viviendo en el sur y yo, viviendo en el norte camináramos al mismo tiempo por esa calle.
Venía de frente a mí. Abrigada con su campera de corderoy y varios kilos menos en comparación a la imagen mental que tenía de ella. Su pelo rubio, finito y suelto sobre la espalda le jugaba volteretas al viento. Estaba algo más crecido de lo que yo recordaba. Su piel seguía igual de blanca y sus ojos menos tristes que en aquellas fotos. Al igual que los míos.
Ciertamente no la reconocí al instante. La había visto venir y no le presté atención pero cuándo se detuvo de golpe frente a mí, no pude no mirarla.
Me miraba con esos ojos verdosos que yo tanto había querido enfrentar alguna vez. Tenía en esa mirada un poco de espanto, un poco de sorpresa y quizás algo de alivio también.
Se acercó. Nos medimos. Nos asustamos. Nos comprendimos. Nos perdonamos.
- Soy Marisa- Dijo ella
- Lo sé- Contesté yo
Su voz me sonó un tanto ancestral, cómo esos susurros que se escuchan aveces en los bosques. No era el timbre de voz que me hubiera imaginado. Sonaba en realidad mucho más amable de lo que alguna vez creí.
Marisa es la ex de mi ex. La que vivía con él cuándo lo conocí. La que "estaba loca", la que "lo maltrataba", la que "lo despreciaba", la que le gritaba, la que se fue una tarde cualquiera con lo puesto, la que volvió otra tarde cualquiera a llevarse el resto de sus cosas, a desvalijar la casa, a dejarlo a él ,"pobrecito", sin tele, sin muebles, sin lavarropas, sin sábanas, sin platos, sin nada.
Marisa, la loca que iba a la policía a "inventar" denuncias por malos tratos, la que se "maquillaba" moretones para mentir "inexistentes" golpes. Marisa la de las fotos escondidas, la dueña de la casa dónde viví, de la cama dónde dormí, de las toallas con las que me sequé, del hombre que me robé. Marisa la odiada, la misteriosa, el fantasma que habitaba aquella casa.
Durante mucho tiempo odié a Marisa. Durante mucho tiempo creí que realmente estaba loca. Hasta que en un momento empecé a comprender. Empecé a transitar los mismos caminos que Mariasa había transitado. Empecé a escuchar los mismos gritos que Marisa había escuchado. Empecé a dejar que pasara todo aquello que Marisa ya había pasado.
Y ahora de repente, de la nada y a destiempo Marisa y yo nos veíamos las caras por primera vez. Así frente a frente, muchos años después.
- Siempre quise conocerte- Dijo ella
- Yo durante mucho tiempo te odié- Dije yo
- Hasta que comprendiste que no estaba tan loca- Dijo ella
- Hasta que me volví loca yo- Dije yo
Entonces Marisa se acercó un poco más. Levantó la manga de su sweater y me mostró una vieja cicatriz en su brazo. Tenía varios puntos de sutura.
- Es del día que me fui. El rompió una ventana con el puño, agarró un vidrio y me cortó. Intenté defenderme pero solo pude rasguñarlo- dijo ella.
En ese instante me acordé. El llegó con un rasguño en el brazo. Le pregunté que pasó. Me dijo que Marisa, la loca, se había ido y que antes de irse lo había intentado golpear. Me acordé que le creí. Por un tiempo largo le creí.
Volví a mirar a Marisa que seguía parada frente a mí. Estaba llorando ella y me dí cuenta que también estaba llorando yo.
-¿Por que lloras?- Preguntó ella
- Por haber sido injusta- Respondí yo
-¿A vos también....?- Quebrándose ella
- Sí- Quebrada yo
-¿Y que hiciste?- Repregunta ella
- Se la devolví. Lo hice sangrar y me fui- Me defendí yo
Marisa me mira un tanto risueña. Casi disfrutando mi respuesta.
- Fue una mierda, igual- Dijo ella
- Sí, pero finalmente él también sangró- Contesté yo
Nos miramos por última vez, casi abrazándonos con los ojos. Yo seguí caminando sin decirle chau. Ella no miró para atrás. Seguiremos siendo dos perfectas extrañas. Dos desconocidas que en distintos momentos de sus vidas vivieron con el mismo hombre, habitaron la misma casa y escaparon del mismo golpe.

*Merece las mayúsculas

6 ago. 2007

Cumplir Años (4/8/07)


Entonces un día fue mi cumpleaños. Y hubo fiesta. Y vino gente. Y estaba linda. Y muchos me quisieron mucho. Y todos me abrazaron mucho. Y muchas veces. Y me sentí feliz. Feliz. Cumpleaños. Y Verito también cumplió años. Y vino gente que no conocía mucho. Y me abrazaron también. Y varios me quisieron mucho. Y algunos me escribieron letras. Y otros me dieron regalos.


El teléfono empezó a sonar un minuto y cincuenta y dos segundos después de las 12 de la noche. Era María Celeste, claro. La primera. Siempre.
Sola en un taxi me agarraron los 29. Sola y contenta. En paz. El teléfono siguió sonando. Que unos que otros, "Feliz Cumple" "No te vayas a dormir" "Vení". NO VOY NADA. Recordemos que es una guerra de egos.
Y al mediodía los de sangre. Fotos, besos y regalos.

A la tarde el collage. Collage de fotos, de historias, de amigas. Y a la tarde también llamados. Más teléfono. Un llamado extraño de tres de la tarde con voz rara. "¿Qué te pasa?" "Nada, te llamo" "¿ Otra vez?" "Sí, te veo esta noche". Y entonces intuí. No vendría.

Y más tarde el trabajo y los coros. Buena onda. Con el bolso lleno de posibilidades llegué a la Fiesta todavía no nacida. Y una Mujer nueva me trajo un hada para calmar mi adrenalina. Y se quedó su encanto dando vueltas por la noche. Y yo con mi vestido lindo hecho para mis medidas. Y llegó un amigable Mostro. Y tras él otros nuevos amigos. Rapidito un New Age con las chicas. Y se sumó con la botella otro amigo. Y así fueron llegando muchos, trayendo mil abrazos. De cada uno me robé un instante. Y empezaron los destellos ¿Eran los flashes o era yo qué brillaba?. Y llegó él, con minúscula. Me trajo de regalo esos ojos de decir cosas. Él, el que no habla, yo la que se escapa. Y no, esta vez no dio lo mismo. Me quedé con su regalo de ojos y sus ganas de ponerse cerquita.

Me faltaron dos de mis amigos del alma. Y me dolió un poquito. Y dos poquitos. Y casi lloro. Muchos poquitos. Igual entiendo. Pero vino Max. Y estaban todos. Y bailamos y fumé en el baño un torpe pero divertido envoltorio. Y cortamos la torta y mostraba las fotos. Y algunos firmaban. Otros dibujaban. Otros más querían.

Y le dije a él que no se fuera y el me dijo que "ni loco". Y me dijo que "te espero". Y al final quedamos pocos. Se fue la que me hizo el vestido y en un abrazo nos hicimos un poco más amigas. Y otra nenita había desaparecido y me quedé con ganas de contarle algunas cosas.
Entonces le escribí a Verito. Y abracé a la Koyer. Y a Cele que me había contenido los escapes furtivos durante toda la noche. Y Max dijo que era la más linda. Y se fue después de ese abrazo enorme que nos dimos, tan de amigos de verdad, tan de querernos bien.
Y ahora eramos menos. Depués Verito me escribió y me puse a llorar de puro contenta que estaba. Ahí a la vista de todos. Y ella me abrazó y me dijo que "Te quiero mucho". Y coincidimos en otra noche inolvidable. Y bailamos las últimas músicas. Y él me esperaba. Y todas me decían que le pusiera mayúsculas. Y yo decía "que ni loca". Pero no dio lo mismo. Y me despedí de Cele con un silencioso Gracias Amiga del alma. Y de Verito con otro silencioso Gracias Amiga de siempre. A pesar de todo.
Y me quedé con él. Y se llevó mi bolso. Y me subió a su auto. Y me dejé llevar. Con las manos de los dos al volante. Manejando a ningún futuro, terminé otra vez dormida en esos brazos, que durante varias horas fueron el mejor lugar del mundo. Y le regalé otro amanecer. Y pasado el mediodía también le regalé mí primer despertar de 29 años. Y encima de todo, esta vez las ganas de huir tardaron un poco más en llegar.

Sí, fue un Feliz Cumpleaños.
Gracias a todos por abrazarme tanto.