
31 ago 2007
Irreversible

29 ago 2007
Mi mamá me ama
La tarde se hizo larga y atragantada me quedaba esa angustia de niña desolada. Y se me cayeron todas sus espectativas en la cabeza y se mezclaron indisolublemente con las mías. Entonces empezaron las preguntas ¿Nada vale la supervivencia? ¿Nada vale el andar con los pies sobre la tierra? ¿El ser independiente? ¿Fuerte? ¿Feliz? ¿Nada de todo eso vale si no tengo un muñeco de torta parado al lado? ¿De verdad por elegir distinto voy a quedarme sola?.

28 ago 2007
Andando por ahí
Lunes 6 de la tarde. Abro la ducha, subo el volumen de la música y me meto a bañar.
La casa esta sola y yo feliz. Con esa felicidad infundada que me apaña últimamente.
El agua muy caliente, cómo a mi me gusta se filtra por mis labios impactando directamente con el tarareo que salía de mi boca. La espuma del shampoo corre carreras por mi espalda y llega invicta hasta mis pies. La música sigue. La felicidad infundada también. Ojos cerrados, pelo revuelto, manos rugosas y a cerrar la canilla.
La toalla blanca, limpia y calentita me abrazó. Envuelta cómo niña envuelta me quedé un rato largo. Aspirando el vapor. Mirándome las piernas, las uñas de muñeca desprolija y en el espejo la cara de varón que siempre me veo cuándo salgo de la ducha.
Crema en el pelo, en las piernas, en los brazos y en el alma. Suave.
Sin cuidado y a medio vestir deambulo por la casa. Cantando esa nueva canción que hoy escuché otra vez.
Cada tanto algún espejo detiene mi andar sin rumbo y hace que le sonría de reojo a mis ojos y a mis formas. Mi cuerpo y yo hemos aprehendido a convivir.
Los parlantes me apresuran para que intente un movimiento de caderas sin que les importe ni un poco lo horrible de mi baile. Bailo un poco esquivándole al frío.
Busco en el revoltijo esos jeans, los cómodos, los de estar tranquila, los del transcurrir. Polera negra resaltadora de ojos y disimuladora de excesos. Básica ella. Básica yo. Las botas de andar la vida y los aros de las violetas le cierran perfecto a esta simplicidad.
Dudo con respecto al perfume. Desisto. No quiero trucos. Esta noche al menos no. Hoy quiero ser simple.
Me hago en el pelo una cola y le doy permiso a algunos rizos para que deserten de las filas de mis horquillitas represoras. Poca luz en mi maquillaje. Mínimo el negro de las líneas de mis ojos. No es tarde de ausencias, no quiero que sea noche de posar. Quiero ser transparente aunque eso me haga dejar mucho que desear.
Sumo unos pesos a mi billetera y vuelvo a cantar la canción. Mi perro-hijo me mira pasar. Me sonríe con su cola y nos ponemos a jugar.
En mi teléfono suena un número que no quiero contestar. Media vuelta más de tuerca y un baile más. Dejo la fiebre de este resfrío en la otra cartera y cargo algo de vergüenza en mi bolsillo de atrás.
La noche está casi tibia. La primera noche tibia del último invierno quizás. Me río sola pensando quién sabe en que. "Y tu débil resistencia, si te miro" canta mi mp3 y entonces vuelvo a sonreír y pienso en cómo sería eso de gritar lo que los ojos dicen y las palabras no pueden hablar. Alguien me espera en una esquina y me sorprende con un libro a medio comprar. Prendo el primer cigarrillo de la primera charla y salimos a caminar. Un nuevo perfume me impregna los sentidos. Huele a irreverencia y a simplicidad.
Irreverente y simple justo así, es cómo esta noche yo quería estar.
11 ago 2007
Mucha Muchacha
"Es que me das... no sé. Tenés una forma extraña de ser mujer. Tus tacos son demasiado altos, tu escote demasiado profundo, tus ojos demasiado verdes, tu risa demasiado alegre, tu trabajo demasiado rentable, tu independencia demasiado libre, tu desnudez demasiado desnuda, tus lágrimas demasiado escasas, tus uñas demasiado rojas, tu piel demasiado cálida, tu sueño demasiado plácido, tus huidas demasiado prontas. No sé, sos cómo mucha mujer" Dijo él.
"O vos poco hombre" contesté yo.
Llamativamente lo tomó en chiste.
Llamativamente yo no.
Llamativamente recordé que últimamente varios me han dicho que soy transparente.
Llamativamente entre ninguno de ellos estaba él.
¿Llamativamente?
Después, cuándo él ya se había ido con su media hombría a otra parte me perdí en los abrazos de esa otra mirada. Las luces del bar ya estaban apagadas y por la ventana entraba impertinente la mañana.
Me fui a dormir sola. Subida a mis tacos y escuchando lo alegre de mi risa. Con toda mi femeneidad a salvo y el perfume que me dejaron los abrazos de miradas en la piel.
10 ago 2007
MARISA*
Un día de estos, mientras caminaba no se bien por que callecita de Almagro me topé con ella.
No entendí cuándo el mundo dejó que se cruzaran las fronteras tan así por que sí cómo para que ella, viviendo en el sur y yo, viviendo en el norte camináramos al mismo tiempo por esa calle.
Venía de frente a mí. Abrigada con su campera de corderoy y varios kilos menos en comparación a la imagen mental que tenía de ella. Su pelo rubio, finito y suelto sobre la espalda le jugaba volteretas al viento. Estaba algo más crecido de lo que yo recordaba. Su piel seguía igual de blanca y sus ojos menos tristes que en aquellas fotos. Al igual que los míos.
Ciertamente no la reconocí al instante. La había visto venir y no le presté atención pero cuándo se detuvo de golpe frente a mí, no pude no mirarla.
Me miraba con esos ojos verdosos que yo tanto había querido enfrentar alguna vez. Tenía en esa mirada un poco de espanto, un poco de sorpresa y quizás algo de alivio también.
Se acercó. Nos medimos. Nos asustamos. Nos comprendimos. Nos perdonamos.
- Soy Marisa- Dijo ella
- Lo sé- Contesté yo
Su voz me sonó un tanto ancestral, cómo esos susurros que se escuchan aveces en los bosques. No era el timbre de voz que me hubiera imaginado. Sonaba en realidad mucho más amable de lo que alguna vez creí.
Marisa es la ex de mi ex. La que vivía con él cuándo lo conocí. La que "estaba loca", la que "lo maltrataba", la que "lo despreciaba", la que le gritaba, la que se fue una tarde cualquiera con lo puesto, la que volvió otra tarde cualquiera a llevarse el resto de sus cosas, a desvalijar la casa, a dejarlo a él ,"pobrecito", sin tele, sin muebles, sin lavarropas, sin sábanas, sin platos, sin nada.
Marisa, la loca que iba a la policía a "inventar" denuncias por malos tratos, la que se "maquillaba" moretones para mentir "inexistentes" golpes. Marisa la de las fotos escondidas, la dueña de la casa dónde viví, de la cama dónde dormí, de las toallas con las que me sequé, del hombre que me robé. Marisa la odiada, la misteriosa, el fantasma que habitaba aquella casa.
Durante mucho tiempo odié a Marisa. Durante mucho tiempo creí que realmente estaba loca. Hasta que en un momento empecé a comprender. Empecé a transitar los mismos caminos que Mariasa había transitado. Empecé a escuchar los mismos gritos que Marisa había escuchado. Empecé a dejar que pasara todo aquello que Marisa ya había pasado.
Y ahora de repente, de la nada y a destiempo Marisa y yo nos veíamos las caras por primera vez. Así frente a frente, muchos años después.
- Siempre quise conocerte- Dijo ella
- Yo durante mucho tiempo te odié- Dije yo
- Hasta que comprendiste que no estaba tan loca- Dijo ella
- Hasta que me volví loca yo- Dije yo
Entonces Marisa se acercó un poco más. Levantó la manga de su sweater y me mostró una vieja cicatriz en su brazo. Tenía varios puntos de sutura.
- Es del día que me fui. El rompió una ventana con el puño, agarró un vidrio y me cortó. Intenté defenderme pero solo pude rasguñarlo- dijo ella.
En ese instante me acordé. El llegó con un rasguño en el brazo. Le pregunté que pasó. Me dijo que Marisa, la loca, se había ido y que antes de irse lo había intentado golpear. Me acordé que le creí. Por un tiempo largo le creí.
Volví a mirar a Marisa que seguía parada frente a mí. Estaba llorando ella y me dí cuenta que también estaba llorando yo.
-¿Por que lloras?- Preguntó ella
- Por haber sido injusta- Respondí yo
-¿A vos también....?- Quebrándose ella
- Sí- Quebrada yo
-¿Y que hiciste?- Repregunta ella
- Se la devolví. Lo hice sangrar y me fui- Me defendí yo
Marisa me mira un tanto risueña. Casi disfrutando mi respuesta.
- Fue una mierda, igual- Dijo ella
- Sí, pero finalmente él también sangró- Contesté yo
Nos miramos por última vez, casi abrazándonos con los ojos. Yo seguí caminando sin decirle chau. Ella no miró para atrás. Seguiremos siendo dos perfectas extrañas. Dos desconocidas que en distintos momentos de sus vidas vivieron con el mismo hombre, habitaron la misma casa y escaparon del mismo golpe.*Merece las mayúsculas
6 ago 2007
Cumplir Años (4/8/07)
El teléfono empezó a sonar un minuto y cincuenta y dos segundos después de las 12 de la noche. Era María Celeste, claro. La primera. Siempre.
Sola en un taxi me agarraron los 29. Sola y contenta. En paz. El teléfono siguió sonando. Que unos que otros, "Feliz Cumple" "No te vayas a dormir" "Vení". NO VOY NADA. Recordemos que es una guerra de egos.
Y al mediodía los de sangre. Fotos, besos y regalos.
Y más tarde el trabajo y los coros. Buena onda. Con el bolso lleno de posibilidades llegué a la Fiesta todavía no nacida. Y una Mujer nueva me trajo un hada para calmar mi adrenalina. Y se quedó su encanto dando vueltas por la noche. Y yo con mi vestido lindo hecho para mis medidas. Y llegó un amigable Mostro. Y tras él otros nuevos amigos. Rapidito un New Age con las chicas. Y se sumó con la botella otro amigo. Y así fueron llegando muchos, trayendo mil abrazos. De cada uno me robé un instante. Y empezaron los destellos ¿Eran los flashes o era yo qué brillaba?. Y llegó él, con minúscula. Me trajo de regalo esos ojos de decir cosas. Él, el que no habla, yo la que se escapa. Y no, esta vez no dio lo mismo. Me quedé con su regalo de ojos y sus ganas de ponerse cerquita.
Entonces le escribí a Verito. Y abracé a la Koyer. Y a Cele que me había contenido los escapes furtivos durante toda la noche. Y Max dijo que era la más linda. Y se fue después de ese abrazo enorme que nos dimos, tan de amigos de verdad, tan de querernos bien.
Sí, fue un Feliz Cumpleaños.