28 ago. 2007

Andando por ahí

Lunes 6 de la tarde. Abro la ducha, subo el volumen de la música y me meto a bañar.
La casa esta sola y yo feliz. Con esa felicidad infundada que me apaña últimamente.
El agua muy caliente, cómo a mi me gusta se filtra por mis labios impactando directamente con el tarareo que salía de mi boca. La espuma del shampoo corre carreras por mi espalda y llega invicta hasta mis pies. La música sigue. La felicidad infundada también. Ojos cerrados, pelo revuelto, manos rugosas y a cerrar la canilla.
La toalla blanca, limpia y calentita me abrazó. Envuelta cómo niña envuelta me quedé un rato largo. Aspirando el vapor. Mirándome las piernas, las uñas de muñeca desprolija y en el espejo la cara de varón que siempre me veo cuándo salgo de la ducha.
Crema en el pelo, en las piernas, en los brazos y en el alma. Suave.
Sin cuidado y a medio vestir deambulo por la casa. Cantando esa nueva canción que hoy escuché otra vez.
Cada tanto algún espejo detiene mi andar sin rumbo y hace que le sonría de reojo a mis ojos y a mis formas. Mi cuerpo y yo hemos aprehendido a convivir.
Los parlantes me apresuran para que intente un movimiento de caderas sin que les importe ni un poco lo horrible de mi baile. Bailo un poco esquivándole al frío.
Busco en el revoltijo esos jeans, los cómodos, los de estar tranquila, los del transcurrir. Polera negra resaltadora de ojos y disimuladora de excesos. Básica ella. Básica yo. Las botas de andar la vida y los aros de las violetas le cierran perfecto a esta simplicidad.
Dudo con respecto al perfume. Desisto. No quiero trucos. Esta noche al menos no. Hoy quiero ser simple.
Me hago en el pelo una cola y le doy permiso a algunos rizos para que deserten de las filas de mis horquillitas represoras. Poca luz en mi maquillaje. Mínimo el negro de las líneas de mis ojos. No es tarde de ausencias, no quiero que sea noche de posar. Quiero ser transparente aunque eso me haga dejar mucho que desear.
Sumo unos pesos a mi billetera y vuelvo a cantar la canción. Mi perro-hijo me mira pasar. Me sonríe con su cola y nos ponemos a jugar.
En mi teléfono suena un número que no quiero contestar. Media vuelta más de tuerca y un baile más. Dejo la fiebre de este resfrío en la otra cartera y cargo algo de vergüenza en mi bolsillo de atrás.
La noche está casi tibia. La primera noche tibia del último invierno quizás. Me río sola pensando quién sabe en que. "Y tu débil resistencia, si te miro" canta mi mp3 y entonces vuelvo a sonreír y pienso en cómo sería eso de gritar lo que los ojos dicen y las palabras no pueden hablar. Alguien me espera en una esquina y me sorprende con un libro a medio comprar. Prendo el primer cigarrillo de la primera charla y salimos a caminar. Un nuevo perfume me impregna los sentidos. Huele a irreverencia y a simplicidad.
Irreverente y simple justo así, es cómo esta noche yo quería estar.