5 jun. 2008

Solito vas

Como una ley de Murphy nunca escrita y que cuesta aprender. Como el peor de los hijos del rigor. Todos igualitos. Todos pero todos.

Si tienen, no quieren. Cuando no tienen, más quieren. Ok ya lo aprendí. Es divertido.
Entonces una (yo, vos, ella), que nunca termina de sacar las patas del barro se sienta a mirar el arrastre.
Solito Corazón, te hacés el lindo. Solito te hacés el misterioso y el distante. Solito esperás que salga corriendo. Hijos del rigor y amantes de la ausencia se guardan en el bolsillo la hombría. Y se van casar con Laura Ingalls. O a quedarse solos, como el buey que bien se lame.
Y cuando ya es mi cuerpo el que querés lamer y te cansaste de esperar que yo te persiga como una geisha mal aprendida, me abarrotás a preguntas ¿Qué hiciste en estos días? y suplicás con ojos de perro en la lluvia que no me atreva a decir la verdad.
Solito vas...
Y arrastradito volvés.
Sin rencores entonces, voy a reírme un ratito, a decirte que no siete veces, a calentarte la cabeza otras veinte. Voy a reírme de tus tartamudeos de adolescente alzado y de tus excusas berretas. Solito vas Corazón. Sólo te queda volver por que la autolamida no te lleva a ningún lado y los bueyes si es que no mueren de viejos, terminan en las fauces de las leonas hambrientas.

Ya te lamiste un rato largo.
Y yo empiezo a estar hambrienta
¡Empieza la cacería Buey!
Date una última lamida
Mientras, yo me río
¿Leona?
No, hiena
Y carroñera.