22 oct. 2007

Deje su mensaje después de la señal

¿Cuál fue el instante en el que dejó de existir tu ausencia? Hace pocos días te escribía sin nostalgia. Agua. Y me preguntaba si te acordarías de la noche de carnaval, de los momentos, de los rescates. Esta noche, con voz de niño crecido le decías a mi contestadora que ya te habías cansado de sentirte poco hombre y de que yo fuera mucha muchacha. Mientras vos le hablabas a mi nuevo número telefónico, en lugar de contestarte, yo empecé a pensar. Y claro, me acordé de tanto. Es cierto que no pasó tanto tiempo pero si pasaron tantas cosas. ¿Sabrás acaso que mi pelo está desde antes de ayer muy corto, que mi casa es nueva y mi risa menos estrepitosa? ¿Imaginarás que mis uñas siguen desprolijas, que mi cintura esta más fina y que mis sueño sigue plácido a pesar de la ausencia del hueco de tu espalda cómo almohada? Sí claro que también pienso a veces en vos. Y que yo tampoco encuentro mucho sentido a tanta nada. Pero uno se acostumbra ¿viste? A la nada digo. Y tampoco es cuestión de conformarse ni de insistir a toda costa. No, no estoy para nada enojada, quedáte tranquilo. Es que yo tampoco fui del todo sincera. Vos me viste irme corriendo aquella noche a otras manos escapándome de las tuyas. Claro que tampoco hiciste nada para agarrarme incluso me diste algún que otro empujón con tus palabras. Y fueron tantas, tantas las noches en otros brazos. Y si, para que te voy a mentir, fueron varios los abrazos en los que me dormí en este tiempo, incluso esos que vos conoces tan pero tan bien. ¿Excesos? Puede ser. Vos también sabés mucho de eso. Que no te llenan y que te hacen sentir helado en la cama que sigue vacía. Si es cierto que nadie se quedaba a dormir y que a nadie le cocinabas. Sí, yo si dormí en otra cama pero desaparecía bien temprano a la mañana. Dirás vos que no fuimos nada. Pensaré yo que no nos atrevimos. Y con eso no hacemos nada. ¿Sabías que ya no soy tan dócil y que últimamente ando de liberaciones? ¿Alguna vez supiste algo de mayúsculas? ¿Y de hadas?
No seas prejuicioso dale, ¿o acaso no te acordás de aquella mañana? No, no es que me haga la difícil ni que disfrute de verte venir con el equino exhausto. Es simplemente que no estoy tan segura de que nos debamos una charla. Las ausencias dicen tanto a veces.
Nosotros ya tuvimos Febrero, noches de carnaval y procesiones. Despertamos juntos todos los domingos del otoño y estrenamos la mañana del invierno. Julio nos puso un tanto inquietos. Y festejamos juntos el principio de nuestro Agosto.
¿Necesitamos realmente un Noviembre?