25 oct. 2007

Cimbronazo

Tantas veces uno se encierra en su mundito, a vivir su propia vida, a guardarse sus propios anhelos, a cerrarse a los sentires, no vaya a ser cosa que vuelva el sufrimiento. No vaya a ser cosa que uno se enamore y no lo quieran, no vaya a ser cosa que uno se arriesgue y nadie lo sostenga, no vaya ser cosa que las cosas no sean como uno quiere y sean como deban ser.
Y entonces uno elige como vivir, con que riesgos, con que pasiones, previendo hasta donde dar para que no le quiten, hasta donde amar para que no duela, hasta donde soñar para no frustrase y la vida se va transcurriendo así, a conciencia. Uno se va fogueando, va superando lo que uno piensa que son grandes dolores, va descartando instantes, va volviéndose descartable. El círculo se va cerrando, los instantes nobles dejan de ser presente y así de a poco lo que duele va menguando y los tropezones ya no son caídas y los desprecios ya no son lágrimas y la mayoría del mundo se transforma en nada. Y los extraños, esos que no comprometen, que no aplican, que no suman por que tampoco restan parecen tomar cierta forma. Morfologías tan intangibles.
Alguien hoy me decía "Pero no hablemos más de mí, hay gente que tiene problemas más graves ".
Y cada uno en su mundito y con sus propios dolores sabe que la pena no tiene parámetros de medida. Al igual que la alegría.
Es que uno racionaliza, se cuida o al menos eso cree. ¿Uno deja de cuidarse cuándo se cuida de querer? ¿Uno empieza quererse cuándo sólo quiere cuidarse? ¿No compadecerse, ni permitirse decir no puedo con esto implica estar a salvo? ¿ Y quién lo salva entonces a uno de uno mismo?.
Y así anda uno por la vida creyéndose ya curtido, creyéndose ya sin lágrimas, creyéndose Super (man/woman o ambos).
Hasta que llega el cimbronazo.
Y entonces todo el mundito que uno se arma, tan limpito, tan acomodado se le va bastante al carajo. El mundo deja de ser nada. Y uno deja de ser el centro del mundo y pasa a sentirse un poco idiota. Idiota por haberse puesto tan a salvo cómo para olvidarse de las cosas que duelen. Idiota por ir por ahí con un discurso tan armadito, que por más irreverente que sea no conduce. Uno se siente un idiota por guardarse tanto detrás de la coraza, por alejarse tanto de las posibilidades. Uno comprende que ser tan valiente, tan valiente, indefectiblemente lo transforma en un cobarde. Y es a veces el dolor de los otros lo que a uno lo humaniza de un golpe.
Y ahí uno empieza a ver que el tiempo es finito, que sufrir es parte de tanto. Y ahí uno empieza a pensar un poco en otros munditos. Munditos que se están cayendo a pedazos por que se les muere un amigo, munditos que están preocupados por que se les enferman los chicos, munditos que tienen miedo a que les caiga de un zarpazo la vejez, munditos que transitan por primera y desgarradora vez el desamor, munditos que tienen miedo de comprometerse, munditos que están por ser padres por primera vez, munditos que están por perder a sus padres en cualquier momento, munditos que no se animan a dar el tiro de gracia, munditos de excesos, munditos de ausencias, munditos.
Y una vez más uno confirma que el dolor y el sufrimiento no son parámetros medibles pero a diferencia de un instante atrás, uno empieza a comprender que las corazas simplemente hacen que el camino sea un poco más lento. Que amortiguar el sufrimiento no es detenerlo. Que vivir adormecido es una forma más de conformismo. Y que a veces una buena cagada a palos emocional lo hace a uno un poco más humano.
Para todos esos munditos que hoy hicieron que empiece a mirar un poco para afuera. En especial para D que es lo suficientemente valiente para demostrar que tiene mucho miedo.