6 feb. 2008

Las matan

Hace un tiempo la sección policial de la agenda mediática está saturada de noticias sobre mujeres. Mujeres asesinadas, violadas, golpeadas. Hubo últimamente varios casos que trascendieron como el de Mariela Frydman o Rosana Galliano Entre tanto dato escabroso y asesinato impune me puse a pensar en estas mujeres, en sus vidas, sus intenciones; todas suposiciones claro, sobre mujeres como cualquiera pero a la vez distintas. Son mujeres que vivían solas o sin una pareja estable, aparentemente independientes, con supuestamente muchos amantes. Parecían ser mujeres que intentaban resolver sus vidas, que cargaban como cualquier otra algunas rupturas, algunos bastas, algunas esperanzas. Mujeres bellas, con una profesión o una buena posición económica. Y de repente pensé también en las otras mujeres las dependientes, las que no son noticia, las que son muertas a golpes todos los días en la indiferencia de sus hogares, las que no tienen independencia económica ni acceso a una educación que las solvente.
Los crímenes de mujeres suelen ser catalogados como pasionales. Mujeres asesinadas por sus maridos, por sus ex novios, por sus padres abusivos. Violadas, maltratadas por quienes supuestamente deberían cuidarlas, por quienes supuestamente son de su confianza. Las matan, les violentan las posibilidades, les quitan las añoranzas, les impiden salvajemente que digan basta. Una mujer que dice basta es un golpe bajo a la cordura de un cobarde, una mujer que dice no es una patada en los huevos al ego de un enfermo. Una mujer que decide por sí misma puede despertar la locura de quién a la vista de todos es un señor intachable. La mujer dice basta, dice no, dice yo quiero algo distinto y despierta al loco, saca al asesino. Los crímenes de mujeres son pasionales y muchas veces quedan irresueltos, muchas veces se tapa al asesino con la vida "imprudente" de la víctima. Y entonces muchos se olvidan de la aberración de esa muerte y se ponen a hurgar en cuantos eran sus amantes, cuantos preservativos usados había en su tacho de basura y cuantas noches regresaba a su casa borracha. Como si eso fuera atenuante, como si eso fuera aliciente o justificativo.
Históricamente a las mujeres que vivían "diferente" las tildaban de brujas, las apedreaban, las quemaban en la hoguera. Las mataban los hombres que necesitaban el control y eran aceptados por las sociedades de entonces como justicieros que obraban en nombre de quién sabe que dios. Hoy a las mujeres las matan casi con la misma impunidad, con el mismo salvajismo y ante la misma indiferencia de una sociedad tan bárbara cómo la de mil años atrás. Sociedad que acepta medios que hurguen en la intimidad de la víctima, sociedad que transforma a tipos como Barreda en una especie de héroe macho y nacional, sociedad que cierra bien las puertas y ventanas para no escuchar, para no saber, para no mirar.
Mataron a Nora Dalmasso y todos leímos que era una mujer infiel, mataron a María Marta García Belsunce y todos leímos que era lesbiana o que andaba en algo raro. Casi como un "bueno pero algo habrán hecho".
La mayoría de este tipo de crímenes quedan impunes. La mayoría de las víctimas quedan en el imaginario como mujeres "de mala vida" como sí decidir tomar las riendas de la propia vida fuera un castigo, una sentencia de muerte o una prohibición.
Cada noche, cuando cierro con doble llave la puerta de mi casa y trabo las ventanas antes de dormir pienso en la indiferencia y eso es lo que realmente me da miedo.