5 nov. 2007

Finalmente

Fueron días extraños. Estar un poco más libre implica también hacerse cargo. Y en estos días no sólo miré para arriba para ver el sol. Me desarropé, me solté el pelo, le puse coco a mi piel y me dejé. El sol se me quedó en el cuerpo, me arrebató la cara, me enrojeció los labios, me resaltó las piernas. Me sentí linda y seguí andando. Y me paré justo en frente de tanto enrosque y le solté la risa. Y me reí y bailé y fui todavía un poco más libre. Había mucho viento pero ni cerca estuvo de tumbarme. Puede ver que lo que tanto era ya no es tanto.
Tenía la piel ardida y la cabeza calma. Los labios secos. La frente alta. Y mucha risa. Y mucho camino. La música sonaba en vivo y yo sentada al sol con mi libro nuevo.
Después, arrugué mi último prejuicio y lo tiré por la ventana. No había nada de exceso en mis nuevas ganas.
Me vestí de negro y jeans. Desabrigada una vez más y salí. En tal esquina a tal hora. Un fernet eterno y un café. Otras manos. Otros besos. Otra calma. Noche de sábanas.
Cuándo él apago el fuego de ese último cigarrillo y se quedó de a poco dormido yo me acurruqué cerca pero a distancia. Me dormí serena. Con el cuerpo manso, el pelo suelto y la piel cómo recién estrenada.
Finalmente está tarde, mientras estaba fumando sola, conforme, silenciosa y apaciguada volvió habitarme la calma.