11 oct. 2007

Vaticinios

Tendrás días en los que necesites salir
y mezclarte con la gente y perderte en el enjambre de la peatonal Florida o quedarte parada en el medio del mundo o del barrio chino y que te empujen, te golpeen, te arrastren.
Tendrás días de flores en las macetas y nubes en el cielo. De girasoles que no giran y canciones que no suenan.
Tendrás días sin mates tibios y fotos de risa, en los que tu independencia será una cárcel, tu refugio una trinchera y tu soledad una carga. Así te irás a la guerra.
Tendrás días de estar lejos, caminando entre las nadas, releyendo las mismas letras, olvidando las palabras.
Esos días tendrán también sus noches, amplias y avejentadas en las que andarás viejos caminos y querrás retractar decisiones tomadas.
Tendrás noches de limpieza, empezarás quizás por las tazas y te sentirás tan cansada y entonces cerrarás el agua que gotea detergente y a las dos de la mañana tendrás ganas de dar tu reino por tener a mano cualquier mano con cualquier mirada.
Tendrás noches de estar enjaulada en esas cuatro o cinco opciones que sentís que te tienen rodeada. Noches en las que ese té de miel y chocolate no tenga gusto a nada. Y cuántas, cuántas serán esas noches hermana...
Tendrás noches de querer volver a cualquier abrazo del pasado, sin que te importe un carajo cuánto futuro te quite cada segundo de más en esos brazos.
Tendrás noches de estar harta de seguir pagando el costo de no vivir con la cabeza agachada y mirarás entonces viejas fotos o secarás antiguas lágrimas sintiendo que poco vale nada. Tan vacía de no esperar nada.
Y esas noches y esos días serán muchos. Y andarás estaqueada, esperando robarte un pedazo de algún sol que ande sobrando por ahí, insistiendo con qué es mejor así y que un desgarro más sigue siendo necesario. Tan cansada de correr a volver a escribirte. Tan cansada de andar deambulando hasta en tu propia cama. Tan casada de andar siguiendo tu propia nada.
Seguirás resistiendo amiga, un poco más y hasta siempre por que en definitiva y muy muy en el fondo seguís sintiendo que no querés despertar ni un solo día en la piel de Bernarda.
Pero en esos días y esas noches no será eso ningún consuelo y sin querer se te vendrá la madrugada, a ponerle límite a tanta desgana. Y mañana será otro día y seguirás buscando entre la gente caras.
¿Y cuál, cuál será el esbozo de la siguiente instancia? Pensar que son sólo momentos, que otra vez, todo pasa. Creo.


Este post surgió siendo muy personal, narrando sensaciones mías de esta noche, pero a medida que lo fui escribiendo recordé charlas, comments y mails que me llegan de muchas de las personas que leen este blog, muchas de ellas grandes amigas así que, este post se transforma entonces en un regalo para todas ustedes amigas, para todas las que están siempre viniendo a coincidir, a ponerle una cuota de aliento mis tropiezos, a contarme los propios, para las que aprenden todos los días a reírse un poco de sí mismas, para todas las que a su manera y con su propia historia a cuestas deciden, con lo que eso cuesta, no vivir agachando la cabeza.
Para ustedes Amigas: Ale, Cele, Vero. Tsukinota, Sibila, Verborrea (más que nunca), Lola, Giovi, VilmaP, Cronopio, Daniela, La Peque, Ana, Rochie, Lucy, Uma, Swimming, Verónica, Araña y las que me estoy olvidando y a las que sé que leen y no comentan como Euge, Sofía y Ceci entre muchas otras.

Update*: Después de recibir varias quejas por diferentes medios, entendí que pasé por alto una parte muy importante de los componentes de este post. Cometí la torpeza de dejar a fuera de la dedicatoria a los muchachos de este blog. La otra parte del comienzo y el fin de todos estos sentimientos. Los hombres, que también me traen sus letras, sus razonamientos, sus aprendizajes, su certidumbre y sus halagos. Gracias amigos. Para ustedes también Boys: Ciru (gracias por las lágrimas), Mayfly, Joker, Smart, Medias, El Poeta, Agus, Andy, Ol, Jorge, Deg, Mostro, Lolo, R.P, Mentes Sueltas, Matu, Yukio. Y tambien, muy también, para todos los de la vida, los que me inspiran, los que están en mi historia, los que aparecen en estos escritos sin nombre ni apellido pero que tienen una imagen grabada a fuego en mi cabeza, mi alma o mi piel. Los de mi historia.