16 oct. 2007

Soft

¿Y entonces, cuándo llega la paz?
Cuando lo decís así bajito, para que no se queme. Cuando tomás partido, afrontás y resolvés. Cuando ponés el límite y de ahí no te corre nadie. No importa cuántas horas te hablen. Es entonces cuando te sentís más liviana.
Cuando ya no te tiemblan las manos para contestar las preguntas y estás dispuesta a eliminar los bloqueos. Cuando después de cerrarte y encerrarte, te sacudís la modorra del tiempo despacito y respiras la primavera. Ya dejaste de guardarte. Te reciclaste y tu amiga te sacó algún que otro miedo.Y otra festejó su cumpleaños. Y otra vino a quedarse con vos todo el sábado. Y tu mamá te llama contenta olvidándose de los moldes en los que no querés caber. Y ahí vas aflojando. Y no estás ya con las garras afuera, al menos no tanto. Y vas pensando de a poco que es verdad eso de que no tenés que ganarle a nadie porqué ya pelaste muchas peleas y no se puede vivir guerreando. Entonces un poco más te relajás. Y abrazás a tu ahijado tan fuerte, tan fuerte y le decís despacito que no se olvide de vos, que ya estás de vuelta y él te responde durmiéndose en paz en tu regazo. Y ahí te acordás de cuanto podés querer todavía. Y vas respirando. Y sí te cortan la luz prendés una vela. Y de a poco vas iluminado (te). Y al día siguiente sale el sol. Y tu casa tan tuya, tan tuya está completamente abierta. Y la limpiaste toda y te limpiaste toda. Las flores ya están plantadas, las fotos ya están puestas. Y salís al balcón enorme en minifalda y ojotas a esperar el verano. Y el atardecer te alumbra mientras te sentás en el suelo y te cebás un mate. Y tu perro te juega y prendés el cigarrillo número mil para aspirar todo ese olor a calma nueva. Y entonces entedés, después de muchos días de borrasca que la paz finalmente llega. Frágil, serena y furtiva pero llega. Y se queda un instante, hasta el próximo temblor.