1 dic. 2010

Un hombre espera en la puerta. Ella con los tacos a medio poner corre a darse la última vista al espejo. Sus ojos brillan más que su ropa. En la puerta él se impacienta. Ella sabe que probablemente él no sea Él. Pero es nuevo y ella se siente viva. Aunque quizás mañana otra vez se despierte sola o lo que es peor, arrepentida. Un último retoque a los labios que brillan igual que los ojos. Menos que la ropa, más que el alma. Él espera, es nuevo, es nada, es todo para ella esta noche. Yo escucho sus tacos acercarse al ascensor y me recuerdo brillar. Afuera llueve. Ella brilla y yo me opaco. Mi vecina tiene una cita.