10 abr. 2009

No esperes que hable poquito a la mañana, ni que me duerma dando la espalda.
No pidas que gima en silencio y que sueñe sólo dormida.
No me digas que no vale abrazar, ni llorar ni bailar.
No traigas a cuestas olvidos por la mitad.
Ni me pidas que dé menos de lo que puedo dar.
No me quieras conformar.
No esperes que sepa coser, que sepa bordar, no me cierres la puerta para ir a jugar.
No me quieras callada, ni me digas que decir. No me pidas que deje de pensar.
No me quieras como vengo siendo. No me llames a destiempo ni te arrepientas al final.
No me pidas que empiece con algo que ya empezó a terminar.
No me pidas que sea prolija ni esperes de mí una princesa.
Ni que tenga estrategias o sea distante para hacerme desear.
No me apures ni me limites.
No me pidas que siga no siendo.
No esperes que transe por menos.
No quieras que no me acuerde quien soy y que no haga preguntas.
No quieras jugar sólo con mi parte de muñeca.
No pidas que me defina entre grises. Ni que me hipoteque a palabras vacías.
No me quieras etérea ni me cuentes canciones.
No me veas irme corriendo una noche.
Quien seas.
Quien sabe.
Cuando vengas, por menos de eso ni te muevas.