14 abr. 2007

Tópicos de las de mi generación

Hay en la vida de las mujeres de mi generación determinados tópicos por los cuáles seguramente hemos pasado casi todas. Los dividí en edades que han sido representativas en mi historia personal pero no necesariamente se dan en ese orden

A los 13: La menstruación y la clase de gimnasia.
En la secundaria, fingir un terrible dolor de ovarios para evitar la clase de gimnasia y quedarse a un costado del playón. Hipotéticamente, durante esos 5 años, menstruaba al menos dos meses al mes.

A los 19:El Test de embarazo comprado en vano.
Entrás a la farmacia con el susto en las manos y un atraso de 6 días. "Es imposible, no cuidamos. No estoy ni a palos. Seguramente son los nervios." son las frases que se repiten.
Le pedís al farmacéutico " Un Evatest......." . Así bajito porque ni vos querés escucharte.
Corrés al primer baño que puede ser un Mc Donal´s, la casa del novio, el del laburo. Rara vez el de la propia casa. Te devorás las instrucciones (cómo si no las supieras de memoria) y hacés pis.
Esperás los interminables 90 segundos hasta que aparezca la única rayita. Esa que te devuelve el alma al cuerpo, te aleja de la maternidad y te deja diciéndote "Lo hubiera hecho antes, que boluda".

A los 23: La Ropa de estar flaca.
Hay en todos los placards un pantalón guardado "para cuándo esté flaca". Es un pantalón que usamos por ultima vez cuándo teníamos 18 o 20 cómo mucho. De tanto usarlo capaz que está gastado entre las piernas. Es ese que cada tanto, una vez al año ponéle, nos probamos esperando que suba al menos por arriba de los glúteos. No importa si nunca nos vuelve a cerrar pero el día que pase los glúteos nos sentiremos conformes.

A los 25: La depresión, el chocolate y la película de llorar.
El te dejó. Irremediable. Irrefutable.
Te toca entonces deprimirte. Es sábado a la tarde, llueve y en TNT dan una de llorar, " Otoño en Nueva York" ponéle. Pésima, destructiva, absurda la peli y vos también. Te tirás en la cama o sillón con el chocolate más grande y el jogging más rotoso que pudiste conseguir. Los pelos crespos de tanto encierro y los ojos calientes de tanta lágrima. Durante las siguientes dos horas serás la visión más clara de la auto flagelación.

A los 28: El regocijo de verlo volver con el caballo cansado.
No importa si pasaron 3 años, 1 mes o 10 minutos. Ellos siempre vuelven y nosotras, a ésta altura, ya lo sabemos.
Esa es la mejor parte, no porque quieras volver a "algo" con él sino por el regocijo de verlo así, tan desvalido, casi ridículo. Es el momento que disfrutás de ver su número en el visor de tu celular una y mil veces y mandarlo al contestador. Te deja flores en el trabajo, llama a tus amigas preguntando por vos, te espera a la salida del gimnasio, te manda mensajes de texto con un bochornoso "Te extraño". Ahí es cuándo recordás los sábados de peli de llorar y chocolate; tus colmillos se hinchan de ponzoña y tu autoestima también.
Te sentís un poco arpía y descubrís que se siente muy bien.

En algún momento antes de los 30: La elección
Hay un momento en la vida en el que sentís que tenés que elegir. Tu carrera o tu casa. Tu trabajo o tu hobbie. Tu novio o tu amante. Tu mamá o tu papá. Tener hijos o graduarte. Comprar un auto o hacer un viaje. Ahí entendés, probablemente después de haber hecho unas cuántas elecciones equivocadas, que no es tanto cuestión de elegir; que con mucho empeño podés tenerlo Todo.
Sabés también que seguramente ese Todo nunca se concrete pero aprehendés que lo interesante es lo que pasa en el medio.