31 ene 2008

Vos sufrís

Vos sufrís y a mí se me estrujan las entrañas, o el alma no sé bien.
Ella se fue y te dejó revuelta la ropa y la vida. Ella dijo basta y es lógico. Y se llevó en su bolso el esqueleto recién muerto de lo que quedaba de tu risa. Claro que nada de eso era amor, ni proyecto. Lo sabés, lo sabemos. Ella se fue y se llevó nada y te dejó desnudo enfrentado a tu único miedo: La soledad. Te dejó enfrentado a vos mismo.
Y seguramente muchos dirán "al fin" al enterarse de esto. Y otros tantos dirán "que se joda". Y no me interesa un carajo si te lo mereces o no. Ella se fue y vos sufrís.
Y yo que me enteré hace días y te dejé solo. Para no agobiarte, para no enfrentarte. Para que no se me rompa el alma.
Y está noche, a mil metros de teléfono fui a buscarte. Te llamé por tu apellido como hago siempre que estoy nerviosa. Te dije que te estaba buscando. Te hice un chiste con la soledad. Me invitaste a todo tu duelo, me rogaste con planes que fuera con vos tu entierro. Yo apreté los dientes y saqué de ningún lado un te quiero. Ese que nunca te dije, ni el día que viniste con olor a jazmines.
Te quiero y quiero que no te duela. Que no se vaya. Que vuelva ella. Quiero que llores nada, que duermas todo, que no te ahogues en el fondo de la botella que tenés en la mano. Quiero pasar esto por vos, yo soy más fuerte, yo sé estar sola, yo quiero que no te duela. Quiero que se te pase pronto. Quiero que no te sorprenda la noche hurgueteándole los bolsillos para robarle un poco de calma. Quiero y no quiero.
No quiero que andes como zombi, loco o mudo por la vida. No quiero que te hagas duro, que te cierres, que se te muera la risa. No quiero que te transformes en autómata, humo o piedra. No quiero que se te partan los ojos de lágrimas, no quiero dormirme pensando que estas despierto, que te sentís solo, que tenés miedo de quedarte solo. No quiero que te enfrentes a la casa muerta, a la historia en la basura, a la herida abierta. No quiero. No sufras. Si fuera más ingenua o si no hubiera sido yo alguna vez como ella te diría que fueras a buscarla. Pero no tiene vuelta. Lo sabés. Lo sabemos.
Y venís a sufrir a mis manos y se me hacen carne mis propias lágrimas. Y me acuerdo de mi propia huída. De mí porpio hacerme autómata, humo, piedra. No quiero que seas eso. No quiero que te duela tanto. No quiero que tengas que levantarte sin ella mañana y ver la casa vacía y llena de nada.
¿Cuál de mis abrazos va a sanarte amigo? ¿Cuál de mis lágrimas va a abrirte paso? ¿Cuál de mis noches va a hacerte más fuerte? ¿Cuál de todos mis chistes va a devolverte la risa?
Y me importa un carajo que muchos se regocijen con lo que te duele, yo voy a quedarme cuidando la sombra en la que te estás transformando. Te voy a correr los piedrazos que quieras pegarte, te voy a acercar todas las botellas que quieras tomarte, te voy a sacar el ahogo un segundo antes de ahogarte. Vas a decirme tantas veces te quiero como si fuera un hada. Vamos a sentarnos a ver pasar la vida el timpo que haga falta. Voy a quedarme acá cerca amigo, voy a acompañarte hasta el fondo y si es necesario te voy a traer de vuelta a la rastra.
Y me importa un carajo lo que diga la gente, lo que digan las buenas costumbres y los malos amigos. Me importa un carajo que casi nos hayamos confundido, que me conozcas el cuerpo, conocerte los gemidos. Me importa un carajo. Vos sufrís y a mi se me estrujan las entrañas, o el alma no sé bien. Puro instinto.

26 ene 2008

El proceso

Basta. Es lento y tardío como todos mis procesos. Me lleva tiempo. Ya está andado y peores destierros transité.
Y me llevo por delante tu indiferencia, arraso con tu desgano y me quedan en stock algunos abrazos a tu nombre y un par de palabras sueltas.
Y el basta es tardío y un amanecer más en tu cama me suena a rechazo, a inercia, a por que sí. Y por que sí no quiero. Aunque tengo conquistados todos tus espacios, aunque haya reinado en todos tus terrenos.
A veces me mirás y no sabes ni vos por que no fue.Y yo que creo por instantes que nada de lo que te quiero sirve, que todo lo que tengo es nada. Y el basta sigue andando. Y sólo podemos compartir el sueño de un vino. Una mesa y un bar. Me metí en tus lugares sin que vengas a sacarme. Y por que sí no. Ya no duermo tranquila en tus brazos. Ya me duele bastante la huida. Ya el basta está andando. Ya tus puñales ni me miran. Y te dormís en mis ojos. Y te acariciaría el pelo. Y me iría corriendo a donde no pueda verte. Me dejaste los cigarrillos que nunca quisiste tocar y los cambios que nunca quisiste hacer. Me auyentaste el intento de intentar, yendote como siempre. Mejor solo que sin mí. El dolor no duele tanto por dolor si no más bien por idiota. Mejor lejos que inquietos, mejor indiferentes que atentos, mejor lejos. Mejor ciegos, mejor ni me mires, no me hables, no me lleves, no me hagas tu historia ni te sepas de memoria la mía. Quedemosnos piedra. Haceme más dura. Doleme esta noche para que te olvide mañana. Andate de una vez. Dejame sentada. Servime la última copa de este vino caliente. Sangrame una lágrima si querés. Despreciame el intento. Andate. Dejá de coincidirme las situaciones forzadas. Sin más, así como si nada. Como si yo. Como si vos. Como siempre, no me dejes nada. No quiero, no puedo, intento y me agoto.Y otra vez BASTA. A mí misma basta. En las manos tengo,vacía, el alma.
Update
Ahí quedamos
En un grito, inundados de proximidades
Dejando sin cumplir las promesas que nunca hicimos
Amaneciendo otra vez
Acorralados en tu colchón
Fomentando un poco más lo que no fue ni será
Con la estrategia para no mirarte no verme
Con la distancia de los labios para afuera
Con tu boca de los labios para adentro
Con el basta en tránsito
Con el quizás ausente
Con el instinto a prueba y el límite a cuestas
Ahí estamos durmiendo abrazados
Con el alma en la mano

22 ene 2008

Basta*

Hace unos días vengo pensando en este tema decir basta. Tantas idas y vueltas mentales, tantos tejes y manejes hasta que llega el basta.
Decimos basta pensando que es a otro. "Basta de esto que me haces" ó "Basta de aquello que no me haces" pero en realidad el basta es a uno mismo. A una misma. Y voy a hablar por mí y por aquellas mujeres que me rodean, las que vivo de cerca y que conozco de siempre o de recién, poco importa.
Siempre estamos con esta cuestión del decir basta a cuestas o dando vueltas. Es que el límite siempre es propio y llega casi siempre con una certeza "Yo no quiero esto". Y nos empieza a hacer ruido en la cabeza, a adormecer un poco los sentidos, a despertarnos de a ratos en las noches. Algo no cierra, no funciona, nos huele a mierda. Y casi siempre ante ese primer indicio nos hacemos las tontas, como si pudiéramos escaparnos de nosotras mismas, de nuestra propia integridad. Como si después de tanta vida nos pudiéramos conformar con opacarnos, con quedarnos siendo la sombra de quien sabe que absurdo, como si pudiéramos ir con la cabeza gacha, aceptando cualquier desplante, cualquier ausencia, cualquier acoso, cualquier violencia, cualquier precio. Como si fuéramos trapitos o muñecas en baby doll. Nos hacemos las tontas con nosotras mismas y pensamos que "capaz con el tiempo".
Y en ese "capáz con el tiempo" es cuando dejamos que las cosas sucedan, cuando decidimos jugar a que "esta vez es distinto" olvidándonos que la gente no cambia por otros, que las relaciones son lo que son y se aceptan o no, que el amor es de a dos y que el mundo sigue girando. Y entonces es en ese " capáz con el tiempo" que se nos van unas cuantas noches, quizás unos cuantos meses, quizás unas cuantas vidas. Esperando que finalmente "se le pase el miedo", que decida querernos, porque claro "la pasó tan mal en su última relación...", que deje de presionarnos, que cambie, que valore. Esperando. El problema con toda esta fantochada es que en el fondo sabemos. Sabemos desde el minuto cero que no. Que algo falta, que algo sobra, que no nos alcanza, que no nos conforma, que no nos sirve, que terminamos las noches con el cuerpo satisfecho y el alma sangrante, que amenacemos abrazadas pero en total desamparo, que nos dormimos abrigadas pero con la mente en blanco. Y llega, siempre en algún momento llega, el instante en el que nos escuchamos. Y de a poco caen las fichas con peso plomizo y lágrimas secas. No, no es el otro, ni la situación, ni la falta de tiempo, ni la complicación de horarios ni nuestros escudos por miedo a ser heridas. Somos nosotras que nos aferramos a caminos que no conducen, a historias no nacidas, a ganas impotentes, a instantes que se diluyen al alba. Y así de la nada en el momento y de la forma menos oportuna decimos BASTA. Primero a nosotras mismas, porque ya no podemos seguir esquivándonos en nuestro propio espejo, no queremos dormir más con la cola entre las patas y los sueños en remojo. Basta. Y en ese basta no hay retorno. No importa que estemos camino a las vacaciones o al altar. No importa que sea un día cualquiera o Navidad. No importa que sean las 3 de la mañana o el horario de almuerzo. No importa que sea una fiesta, un velorio o un concierto. Por carta, en persona o por sms. En silencio o a los gritos. Es basta y se acabó.
Llega el basta primero a nuestras cabezas, a nuestra certeza, a nuestra ansiedad. No importa que sigamos cayendo en lo mismo por un tiempo más. El camino ya está empezado, el límite ya está marcado.
Basta de decirme a mí misma mentiras que no me creo ni loca.
Basta de tratar de encajar donde no hay espacio, ni aire, ni nada.
Basta de esperar que cambie lo que no existe.
Basta de estar a la defensiva o muda o anestesiada o cansada o podrida o golpeada o escapando o presa o loca o borracha o gorda o triste o caprichosa o indefensa o esperando o como muerta o dependiente o llorando o desesperada o siendo fiel a nada o creyendo ser poca cosa. Basta de mediocridad.
Sabemos que no es el otro. Sabemos que no hay retorno. Sabemos que lo que cuesta vale pero también que nada vale si nos cuesta tanto. Hay precios que pagar es cierto. Pero el límite siempre es propio. ¿Y cuántas lágrimas hacen falta? ¿Cuántas oportunidades podemos dar antes de quedarnos sin nada? ¿Cuánta prepotencia podemos tolerar antes de que nos salga el guerrero del alma?.
Tampoco es cuestión de no esperar nada, de cerrarse y quedarse aisladas. Creo que tiene más que ver con la sinceridad con una misma. El mundo sigue girando.

Cerraste esa puerta y escapaste por al ventana. Seguís andando, llevate por un rato el alma a cuestas que cuando llegue la calma vas a estar satisfecha de serte fiel y de haber dicho basta.
Sé que duele y estás cansada. Llorarás lo necesario. Te cubrirás con algunas espinas.
Estarás de nuevo íntegra



*Para mi amiga Cele que intenta siempre, se juega todo y que nunca deja de ser fiel a sí misma. Con lo que eso implica.

18 ene 2008

Una de hadas, piratas y Walt Disney

Los días se apuran por llegar a la mitad de enero y un tango resuena mentiroso entre la electrónica de esa noche que parecía muerta antes de empezar.
De entre la gente, a un paso del amanecer de ese sábado chistoso, sale volando un beso sin destino al que arribar. Ella sonríe con ojos de reina asustada y disimula. Él se acerca, desconocido y perfecto. Comparten el último cigarrillo y el primer beso. Otra alma robada. Otras manos con nido. Otros ojos perdidos.
Podrían haberse subido a cualquier taxi que los lleve, fantasmas, a cualquier lugar. Afuera se hacía de mañana y la gente se apuraba. Cada cual por su lado, cada cual a su cama. Los amores que ella anda rondando son siempre a última vista.
Y la noche siguiente a cualquier mañana ellos fueron a encontrarse. Llevaron humo, viento y beso. Llevaron upa, mimo y risa. Llevó él quien sabe que cosa adictiva en su piel. Llevó ella su costumbre de caza furtiva escondida en los ojos. Ganas de caer y volar. De armarse. Romperse. Tentados.
Vino él a querer decirle a ella de sus compromisos. Se escapó ella diciendo que de demandas y de juicios no. Se quedó un poco prendido de esa rara forma de libertad. Y se fue de madrugada rengueando la mejor noche de sus noches. Pidiendo permiso para traer sus ojos alguna tarde, para dejar que se queden a dormir sus sueños alguna noche. Y ella, con el corazón guardado en la heladera que guarda a Disney, le rió una risa suave. Le besó los labios nuevos y le prometió algo así cómo un quizás.
Amaneció sin querer una mañana de estas con el niño y no tenía mojada el alma. Nunca quiere saber nada con las mendicidades del alba compartida pero ese día el cansancio le ganó. Él soñó una noche en su almohada. Ella se tragó la excepción. Él siempre llama para hablar. Ella se ríe tierna y atiende una vez más. Él se fue a pensarla lejos. Ella no sirve para esperar.
Siempre se está robando almas con dueño. Siempre se está escapando a tiempo.
Siempre prefiere ser Campanita disfrazada de Garfio antes que Cenicienta puesta a esperar.




17 ene 2008

Como si nada

Me gustan las noches como esta, en las que volvemos a sentarnos en esa mesa como si nada. Con los puchos, el fernet y la charla. Con los ojos en los ojos y no en el cuerpo. Con la confianza eterna y el querernos claro. Con los amigos que fuimos resucitados y el lugar seguro a salvo. Con tus ideas claras y mi certezas concretas. Con tu admiración y mis ideas. Con el cenicero en el medio y los 10 años a cuestas. Con las luces tenues, las horas que pasan, la comodidad que se instala. Íntimos de almas. Con tu atención puesta en mis palabras y mis manos lejos de tu cara. Y mirarnos y entender. Y no agregarle a eso palabras. Aunque cada tanto vea el relucir de tu alianza. Aunque cada tanto te enoje que me apuñalen otros ojos. Hay noches cómo esta, en las que volvemos a tener las cosas claras y poco importa el resto del mundo. Somos vos y yo charlando, sentados en esa mesa que supo hacer las veces de cama no hace tanto. Contándonos cuan iguales somos. Cuan amigos fuimos. Cuan intactos estamos.
En noches como esta, es cuando me doy cuenta de lo bueno que resultó finalmente, no haber sido tan idiotas como para enamorarnos.
Aunque a veces mi casa todavía huela a jazmines.
Aunque a veces pienses en mi un segundo antes de dormirte.
Sabemos que somos espejos. De egos y almas. De historia. De ideas.
En noches como esta los dos entendemos que querernos tanto es la garantía que nos queda para tenernos siempre.
Lo demás, incluso el amor, es transitorio.

10 ene 2008

15 aspectos positivos de los 40º de térmica

Y sí hace calor viejo.
Es verano y hay calentamiento global, polución, se derriten los glaciares y esas cosas que van a ser perjudiciales para nuestros tatararecontrabisnietos.
Uno como que ya se va cansando después de 10 días de escuchar el temita este de la sensación térmica, la lluvia con granizo tamaño meteorito inmanente, el problema de la crisis energética y el uso de los aires acondicionados, el verano en Mardel, las ondas del Este y la mar en coche. En mi caso, que me voy a pasar todo el veranito en Buenos Aires trabajando en un lugar con dos hornos a 250º cada uno, siento que no me queda más remedio que ponerle voluntad. Entonces me propuse viajar en subte sin decir ni pío, bancarme la fila del pago fácil sin abanico y poner en marcha el tema de comprar la pileta para el balcón.
Hoy mientras miraba un alarmista noticiero anunciando " 42º de térmica y subiendo" como si fuera a venir el fin del mundo en 3 minutos me puse a pensar las buenas cosas que me pasaron en estos días gracias al calor. Llegué a 15 (hoy estamos a 10 de enero así que es un buen promedio)
1 - Amanecer el 1º de enero tapada y haciendo cucharita gracias al aire acondicionado en 16º
2 - Dormir a la intemperie toda una noche en la hamaca que tengo en el balcón (les juro que es una experiencia alucinante)
3 - Bronceado caribeño en 20 minutos al sol de las 6 de la tarde (acá juega a favor también el tema de la hora adelantada)
4 - Las plantas que me quedaban se terminaron de secar todas en una sola tarde y me evitaron la culpa cotidiana de verlas morir de a poco
5 - Tomar dos litros de agua por día sin que sea una obligación
6 - Paseo con mamá y papá por el Puente de la Mujer un lunes a las 2 de la mañana
7 - Vientito, humo y besos en la orilla del río una noche de martes
8 - Besos, velas y cerveza en el balcón como extensión de la orilla del río
9 - Aire acondicionado en 16º, masajes y cigarrillos en la cama
10 - Llegar a casa, sacarme todo y tirarme en el piso a fumar
11 - Sacar la tele al balcón y ver una peli al aire libre
12 - Ropa liviana y blanca que la hacen sentir a una profesora de yoga
13 - Comer livianito y sano y seguir tomando agua y coca zero con hielo
14 - Que venga una amiga a visitarte a las 4 de la tarde bajar todas las persianas, abrir una cerveza, prender el aire y tirarse en al cama a ver Intrusos y charlar
15- Que venga otra amiga a visitarte a las 12 de la noche, abrir otra cerveza, comer papitas y dejar que la tormenta de esta noche nos pegue en la cara y charlar como si nada
Hay que tratar de ser optimistas amigos, buscarle la vuelta. Es verano y hace calor. Tratemos de pilotearla, suprimamos un poquito el comentario "¡que calor!", aprovechemos la ligereza de ropas, los brillos de las pieles, lo rico de la cerveza y de última siempre está opción de la bañadera ¿no?




Ah! no vengan ahora con eso de que la paso bien porque tengo aire, recuerden el tema de los hornos a 250º. El que no tiene aire se va a un Shopping o algo y si no como dije antes siempre queda la bañera, el que no tiene bañera se ducha y el que no tiene ducha se pone hielo en la nuca y así. A ponerle onda eh!

5 ene 2008

Tarde



Esta tarde voy a sentarme en mi balcón a fumarme las ganas que tengo de arriesgar.
Voy a intentar discernir y a dejar de darme otra oportunidad.
Es que la realidad es una y es muda. Y hueca.
Y mientras se haga de a poco de noche voy a balancearme y a querer dejar de añorar lo que no sos.
Voy a pensar en arrancarme, entre bocanadas de humos y pensamientos, la sensación de que las ausencias son remediables.
Intentaré olvidarme de las noches de carnaval y antes de que el sol se muera en el horizonte del edificio de allá atrás voy a encender el último cigarrillo de este olvido y pensaré que lo que nunca fue ya no puede ser. Que tus puñales están a un paso de ser letales y que tu indiferencia se quiere adueñar de mi risa.
Y voy a decirme a mí misma que quiero seguir andando, que tu falta y tu nada ya se aprovechan de mi paciencia y que ya no tengo más ganas. Que más de lo mismo y poco de mucho no sirven en este momento de nada.
Finalmente, cuando la noche ya tenga luna voy a vestirme de hermosa y voy a querer pararme frente a tu nada y a sonreírle lindo a tu distancia. Voy a intentar que tu inercia no me arrastre y que tu ausencia no se le instale a mi alma.
Esta tarde voy a empezar a hacernos olvido.
Una vez más.

31 dic 2007

Nosotros

Mi noche larga, tu amanecer distraído
Mi falta de estrategia, tu poca resistencia
Tu cerveza, mi fernet
Tu capricho, mi puto ego
Mi voluntad quebrada, tu ansiedad desbordada
Mi manera de hacerme la tonta, tu intención de ser sólo olvido
Tu roce. Mi mueca.

Tu casa, mis gemidos
Tus manos firmes, mis caderas
Tus besos lentos y mis bajas defensas
Mi cuello y tus dientes
Tu remera y mis pies
Tu lengua y mis labios
Tu latido en mi espalda
Mis piernas entre tu boca
Tus caricias, mi cara
Mis besos y tus ojos
Tu voz y mi nombre.
El rito.

Tu sueño y mi desvelo
Mi sueño y el hueco de tu espalda
Tu abrazo y mi cintura
Mi contorno y tu cama
Tu despertar y mis pechos
Mis manos y tu espada
Tu almohada y mi maquillaje
Mi instinto y tu olor
Tu cocina ordenada, mi pelo revuelto
Tu ropa tirada, mi zapatos puestos.

Tu “quedáte conmigo” y mis ganas de que sea cierto
Mi lindura y tu mudez
Tu “quizás nos crucemos”, mi hastío.


Tus puñales y mis escudos
Tu discurso y mi vacío
Tus campos minados, mis intentos fallidos
Mi distancia y tu ausencia
Mis idas, tus vueltas
Tu silencio y el mío.
Nuestra nada.




28 dic 2007

Que la inocencia te valga

Jueves 28. Fin de año, fin de cuentas, fin de ciclo, finalmente.
Ella salió de la boca del subte que escupía multitudes a la inclemencia del sol de los mediodías de diciembre. Le gustan las multitudes, el anonimato, perderse entre las gentes, imaginarse sus historias y desvelos para olvidarse un poco de los propios.
Traía varios temas en la cabeza, que abogados, contadores, empleados, aguinaldos y el teléfono cómo siempre no paraba de sonar y sonar. El día había arrancado temprano y el mediodía la sorprendió intentando llegar intacta hasta Lavalle y Florida. Tenía el pelo recogido en una cola, la falda negra, los tacos altos y la remera verde y ceñida. Caminaba hablando por teléfono quien sabe de que tema y cada tanto miraba el Obelisco. Le gusta mucho Buenos Aires, y sus calores y sus calles y sus centros y sus puestos callejeros, como ferias medievales y a la vez metropolitanas.
Al llegar a Lavalle cortó y conectó el reproductor de mp3 del celular. Tarareando remontó presurosa Lavalle, tenía que llegar al banco antes de las 3. Buscó en su cartera revuelta el encendedor que nunca encuentra y levantó la mirada para buscar un kiosco. Entonces lo vio.
Él venía caminando en la dirección opuesta a uno cuantos metros y unos cuantos años de distancia. Estaba distinto claro, pero igual. Ella se quedo quieta, mirándolo. Él se acercaba distraído, le pasó por al lado, la miró y no la reconoció. Es que habían pasado 16 años y ella no estaba para nada igual.
Lo siguió unos pasos con sus zapatos chiquitos y cuando estuvo a un pie de su espalda le habló
- ¿Sergio?
Se quedó quieto y tardó un instante eterno en darse vuelta. La miró extrañado.
- Te conozco y no se de donde dijo él
- Soy Carolina, vecina del negocio que tenías en Martínez
Entonces se acordó. Se acordó de la nenita que se enamoró perdida y platónicamente de él hace un millón de años. Se acordó de los ojitos verdes, de los rulos desprolijos, de las curvas recién nacidas
- Estás tan... distinta dijo mientras le estampaba un beso en la mejilla y otro en el alma.
Ya frente él, ella volvió a mirarlo. Tenía unas ojeras color cansancio bajo los ojos, el pelo más corto, los años vividos, la mano sin anillo. Se le notaban en el gesto un par de sueños perdidos y unas cuantas penas bien llevadas y a medio andar. Pero su mirada estaba igual. Igual de viva, igual de inquieta. Tenía las mismas chispitas y regalaba las mismas cosquillitas en la panza.
Sergio había sido su último amor de la infancia o el primero de la adolescencia, no sé. Lo había amado, adorado, deseado, llorado y olvidado platónicamente durante años. Ella tenía 13 y él 23. Ella esperaba para verlo pasar, para escucharle de lejos la voz, para imaginarse de cerca su olor, para tenerle vergüenza de nena chiquita a sus besos. Llegaron en algún momento a hacerse algo así como amigos. Entonces ella analizaba cada una de sus palabras para rastrear declaraciones de cuento de hadas, le escribía cartas que nunca le daba, le imaginaba caricias que nunca le hacía. Lo esperaba siempre aunque sea sólo para verlo. Con ojos de bebita, con cara de boba, con amor de imposible.
Después pasó la vida, él se cambió de barrio y ella se olvidó de esa nada que habían sido. Hasta hoy que lo vio y le llovieron de golpe todos los recuerdos de ese amor de mentira, de su cuerpo de nena ya no nena, del beso que él un día quiso darle y del que ella se escapó.
En el medio de Lavalle y Maipú, un siglo después se habían vuelto a cruzar.
Ella ya bien mujer, él evidentemente mucho más hombre. Ella con 29, él con 39. Cada uno por su parte en ese instante habrán pensado que la diferencia ya no era insalvable y que mucho menos era delito.
- Para dónde vas? preguntó él
- Para el banco que esta allá contestó, idiota y tartamuda ella
Y la acompañó unas cuadras. Hablaron de lo que habla la gente que hace mucho no se ve. Trabajo, familia y esas cosas. Ella buscó en su cartera un cigarrillo y otra vez el puto encendedor que no aparecía
- Sos muy chiquita para fumar dijo risueño mientras le encendía el cigarrillo
- Ya no tanto contestó ella a sabiendas de lo ceñido de su remera
- Es verdad, pero seguís teniendo la mirada de nena
Y ella, que bien sabe que de nena no tiene nada y menos la mirada, se dio cuenta de que en esas cuadras había vuelto a salírsele por los ojos esa pibita de 13 años recién enamorada. La inocente, la chiquita, la crédula, la platónica, la mimada.
Llegaron a la entrada del banco y él arriesgó la idea de intercambiar números de teléfono. Ella se sintió tentada pero dijo "mejor no". Es que hablaba la nenita y pensaba que los recuerdos que se mezclan con orgasmos seguramente pierden sentido. Ella eligió dejar al hombre que Sergio es fuera de la cama y quedarse con el recuerdo del amor que Sergio fue en la mirada.
Antes de entrar en la puertas giratorias del banco y de la vida, ella se dio vuelta a mirarlo otra vez y sonrió irónica al recordar que el 28 era el día de los inocentes. Está vez para ella la inocencia le había valido.

26 dic 2007

Armando una mujer


Pasó la fiesta, pasó la navidad y la promesa. Pasó casi diciembre. Y queda este día de silencio. La ciudad esta dormitando algunas pesadillas. Meciéndome al sol de mi balcón las horas se me escurren mudas y conformes. Busco lo que tengo. Y a veces pienso en la soledad tan necesaria y en el estado de coma en el cual interné algunas expectativas. En la falta de letras y de sueño de las ultimas noches.
Los festejos que siguen prometiendo y el silencio de este día. La mudez en la que decidí ahogar a mi teléfono. Los mensajes que lo rescataron. Y la nada que llegó diciendo que vino sólo de vacaciones. Sensaciones encontradas, el recuerdo apenas recordable de aquella navidad lejana y odiosa en la que me escapé de un infierno de juguete para vivir una vida que me estaba robando a mí misma. Y ese día mientras me escabullía entre fuegos artificiales apagados; llevandome ningún equipaje y un golpe a cuestas elegía sin saber, transitar la impertinencia de la soledad (¿me prestás la palabra Sib?). Y no es una soledad que atormenta ni que recluye. No es la soledad que te deja sola, triste, abatida y sin amigos, ni romances. Es otro tipo de soledad. Es la que se elije, la que sitúa, la que me tira de la oreja antes de caer en las tramperas que me pongo a mi misma. La soledad que salva. Impertinente y repetidamente salva. Me saca de los pelos de manos bruscas, de ojos esquivos, de llamados ausentes, de amigos ficticios. Es ese tipo de soledad que me dice "Mejor conmigo que mal acompañada, no hagas nidos en almas prestadas, no te duermas en camas vacías, no te abraces a promesas chiquitas"
Y es cierto, no discuto, que a veces las ganas de jugar al amor tientan. Pero es cierto también que esta soledad no es tan mala consejera. Porque pasado el instante queda la ausencia, pasada la pasión pocas veces quedan ganas, pasada la noche siempre quedan pocas mañanas. Lo demás se me torna a veces medio ficticio. Es que no me acuerdo de como era eso del amor. Y no me pesa. O al menos no demasiado. Me genera quizás un poco de curiosidad. Y pueden parecer estas letras un tanto patéticas, escritas por una mujer solitaria e infeliz y sin embargo descubro a cada instante que no es así. Hay tras estas lineas una mujer terrenal. De raíz. Emergiendo casi siempre. Resguardándose, es cierto pero andando. Hay una mujer escribiendo, tratando de abrirse paso, dejando de lado de a poco el silencio. Intentando encontrar por donde, de que forma, a que ritmo, con que pasos. Mujer que de a momentos queda vacía y llena de nada y que de a ratos se llena, que va con risa, tragándose cada tanto algunas chifladas lágrimas, cargando cada vez menos mochilas.
Pasó la noche, pasó la fiesta, queda la vida y esta mujer que voy armando, con tardes solitarias y noches encendidas. Con varias mañas y muchas vueltas, con pocos sueños y muchos amigos, con ningún amor y algunas caricias. La mujer que voy armando ya tiene forma, alma y sobre todo vida.

21 dic 2007

¿CURSILERIAS?

Es que muchas veces siento que me quedo sin palabras aunque me explote el alma de cosas por decir.
En los últimos días lo que no me sale con palabras lo digo con abrazos.
Me asusta no tener mucho para escribir pero voy viendo que aquello que venía escribiendo era lo que no podía o no sabía decir. Y acá estoy, una madrugada más sacándole jugo a mi facilidad de letras, buscando entre todos mis sentires algunas palabras para dejar en este espacio.
Y últimamente vengo pensando en eso de "puedo sola". No me ayudes "puedo sola", no me abraces "puedo sola", no me quieras "puedo sola", no me veas, no me saques la ficha, no te acerques mucho, no me digas que soy buena, "puedo sola".
Que boluda, pensar que me lo creía .
Y no, la verdad es que no puedo sola. Y sí puedo no quiero. Necesito. Y parece que puedo querer. Y quiero. Y amo.
Amo la vida que tengo, el brillo que me regalo, los amigos que me abrazan todos y cada uno de mis días. Amo que mi teléfono me diga con SMSs toda la gente que me piensa y que me quiere. Amo abrazar a mi mamá, sentirme tan segura en sus brazos, amo que venga a mi casa, que me haga mate, que me diga nenura, cómo cuando era bebita. Amo saltar hasta el cansancio cantando entre miles "más de cien pupilas dónde vernos vivos", bailar en la lluvia, esperar ansiosa cada nuevo día. Amo las noches furtivas que me dejan la boca roja y el cuerpo alborotado, los amores de mentirita que apaciguan el alma.
Amo que sea navidad y tener familia y que sea año nuevo y tener amigos y hacer una fiesta y que venga medio mundo (gracias a todos de nuevo).
Y no importa si a veces me aislo, no importa que no tenga un gran amor, no importa que el trabajo me ponga tensa, no importa que se me queme la heladera, que me hagan un nido las palomas en el balcón. No importan los abogados ni los contadores, ni los fantasmas, ni el desamor.
Importa que sigo andando, que la adrenalina me sacude todos los días, que mi ahijado sigue durmiéndose en mis brazos, que mi amiga Ale vino a mi fiesta y estaba linda. Importa que mi amiga Cele me dice "¿cuándo nos vemos?", que Vero se quedó a dormir, que la Colorada me dice que me quiere mucho, que Pachu me da consejos, importa que estoy rodeada de amigos, que no tengo escapatoria. Y lo que más importa es que no quiero escaparme.
Y capaz porque es fin de año yo tenga tanto a flor de piel. O capaz es la misma vida y la manera en que elijo ir viviendo. Y los momentos y las caricias y el haber aprehendido tanto. Y el haber sanado tanto. Y el haber dejado de resignar. Y el empezar a ver que sola no puedo y que eso me hace más auténtica, más humana y más mujer.
Y esta noche siento que estoy parada en el medio de la vida con el cuerpo manso, los ojos húmedos, el camino incierto y el alma de fiesta. No porque haya pasado nada en especial simplemente tengo un instante de felicidad. Instante que se hace horas, horas que se hacen días.
Y voy andando y dejándome movilizar otra vez. Bajando algunas guardias y dejando que se me salgan los te quiero mucho. Y así capaz empiece a volverme un poco más vulnerable pero también vuelvo a ser un poco más yo. La que conocen los que me conocen desde siempre, la que ven en el fondo los que quieren conocerme desde hace poco. La que se muere por tocar la panza de 7 meses de Naty, la que espera como loca la vuelta de Flavio y todas sus verdades, la que se queda casi llorando cada vez que Mateo le dice tía. A la que le tiemblan las piernas con algunos besos y se le llena el alma con algunas miradas. La que siempre tuvo tanto para dar y que por un tiempo quedó moribunda pero resistiendo todos los tiros de gracia.
Es que no soy perfecta. No quiero tampoco serlo. Mi cuerpo no es perfecto pero mis ojos son a veces sinceros. Mi humor no es dócil pero mis sentidos están todos despiertos. Mi conciencia no es blanca pero mi afectos son geniunos. Y este texto puede sonar a libro barato de autoayuda y sin ninguna duda tiene infinidad de lugares comunes e incluso algunos aspectos vulgares. Pero es lo que hay, muestra lo que siento hoy. Sin metáforas complicadas ni metonimias perdidas. Sólo palabras como salen del alma sin dobles intenciones, sin correcciones gramáticas, sin coartadas emocionales. Plenas y simples palabras para celebrar la vida, para reconocer mis logros, para agradecer eterna e infinitamente a los amigos, para compartir mi alegría. Vuelvo a decir, no es nada en especial es solamente sentirme inmensamente viva.
¡Buena vida a todos gente!




16 dic 2007

Noche de mil estrellas


Algunas noches en tu balcón pueden ocurrir maravillas
Anoche, en mi balcón ocurrieron maravillas
Hubo lluvia de mil estrellas y de abrazos de amigos
Y finalmente poco importó que se ensuciaran las paredes y que no hubiera muchas sillas
La música que "se escucha de abajo", el ascensor "que chiquito", la casa "que linda", la fiesta"que buena", el balcón "que enorme", el perro "que buenito", vos "que hermosa"
Y algunos se pusieron tristes, y algunos se sacaron su primera foto juntos, y algunos vinieron ya de día pero vinieron, otros se fueron temprano pero vinieron y otra vez como en agosto todos me abrazaron.
Y se hizo de día
Y me ayudaron a limpiar un poco la casa
Y hubo una promesita
Y mate y facturas y el partido de Boca
Y no fueron necesarios nochesdías efímeros
Ni reinas por 10 minutos
Bastó con una noche de mil estrellas

Gracias a todos.
Finalmente sucumbí al clamor popular
Fotos de la fiesta ACA