
"Y estos, los úlitmos versos que yo le escribo"

"Y estos, los úlitmos versos que yo le escribo"
Tenía una frase y la perdí.
Queda el silencio y está bien.
Buenos Aires atardece entre humos y dos soles.
Y mi frase sigue perdida. No es triste. No es vacío. Es.
La Náusea de Sarte iba a llamarse Melancolía. El existencialismo iba a ser el mismo.
Existiendo entre calles inundadas de hojas recién caídas y sapos de cualquier pozo me doy cuenta lo que busco.
Me acuerdo de esa tarde, mil vidas para atrás, cuando puse por primera vez los pies en esa estación de tren, empapándome con una lluvia eléctrica, alejándome de casa, acercándome a la cocina soleada del infierno.
Tenía entonces magos en los ojos y estrellitas en el alma. Pasaron todos los trenes que alguien puede perder y los perdí. Aposté, perdí y escapé. Corrí tan lejos como pude y llegué a casa. Y me puse a salvo. Y pagué mis deudas. Vaya si las pagué. Todas y más.
Pero un día era solo yo. Nadie entra, nadie sale. Y pienso en quién me convertí. Tengo por ojos aquellos magos es cierto, pero ya marchitos y avejentados. Dos viejos pintorescos que sólo intentan algún truco cada tanto para salvar la noche que nadie quiere ver.
Tengo todo al alcance de la mano pero no puedo mover mis dedos.
Ya mis magos no quieren andar de ronda y mis sentidos explotan en todas las latitudes.
Acá me encuentro queriendo que quiera alguien saber quien soy. Los magos ya se mueren pero no quiero quedar ciega.
No tengo luces ni demasiadas sombras. Le peleo a algunos fantasmas sólo eso. No apuesto mi angustia en ninguna mesa de póker y el as bajo la manga me arruga el vestido. No lo quiero.
Voy a robarme tu frase amiga porque la mía la perdí.
"Es tan simple"
Una mañana de estas quizás alguien despierte a mi lado queriendo saber quien soy.
Y yo simplemente voy a contarle.
Un tiempo atrás quisimos cruzar historias y la realidad nos superó. Quedamos entonces, a medio andar. El verano se vino extraño para los dos, extraños conocidos de rostros borrosos, voces anónimas y almas gemelas.

Ahí quedamos. Fijos y cercanos.
Que la noche recién nacía y vos llegabas a decirme que ahí estabas. Y yo que ya te había puesto lejos. Que ya me había puesto linda y distante, incrédula y desganada. Ahí estábamos entonces. En el lugar de siempre. Me buscaste. Y yo, que ya estoy bastante cansada de correr a ninguna parte preferí quedarme ahí. A pensar que me da igual, a sentir que no te quiero. Y me dio igual tu mano en mi cintura, tu familiaridad tan conocida, tu casa, tu cama, tu piel. Ahí me dio igual. Un gozo más.
Hasta que fue el momento de dormir y muertos de risa nos dejamos vencer por el amanecer que ya era día. Me pusiste sobre tu pecho como nunca. Y ahí por primera vez me dormí. Y ahí también me desperté con tu beso en mi frente diciendo que tenía un desayuno y un buenos días. Y nos quedó por delante el día. Y nos quedó por delante un intento y unas cuantas mentiras. Me quedó en mi placad tu ropa, con tu olor y tu ADN. Te quedó en tu almohada mi sueño y entre las sábanas mis horquillas.
Quise pedirte una promesa. Que esperemos el invierno, que enciendas la estufa y me abraces otra vez. Y ahí quedarnos. Entre tus brazos, mis silencios, tus ausencias y mis huídas.
Afuera llueve con sol . Adentro está nublado y miedo . Pusiste "Tarea Fina" y te pusiste en llanto casi. Andás por ahí renguenado intentos de esos que siempre se te quedan por la mitad.
Ves, sabés, sentís que otra vez el camino está malo. Entonces te quedás, te tirás, no dormís, no llorás. Te acordás. Estás en contra tuyo una vez más.
El indio sigue disparando "Vas a volver a herirme otra vez". Cruzás los dedos y la vida, anudás bien fuerte el nudo de la garganta y pensás en los quiebres, los filtros y los excesos.
Cambia el track, la hija del fletero mandó cartas y él no tiene el valor. Como siempre."Todavía su amor me da descargas".
La puta madre.
En el cielo las cosas se ponen rojas.
En el infierno también.
En casa se acaba el chocolate y no cierran los números.
Estoy llena de mitades. Debo dejar de ser mediocre.
Debo dejar de estar de vuelta.
En el cielo la luna vuelve a la normalidad.
En el infierno no hay luna.
En casa vuelvo a escribir y empiezo de nuevo.
La intemperie acecha. La compulsión no escarmienta.
Él duerme plácido a mil años de distancia. Yo espero el sueño.
Busco ser mano, alunarme, barajar y dar de nuevo.
A punto estaba de convencerme de estar queriéndote que empecé a pensar hasta cuándo. A punto de convencerme de que ya no puedo quererte que empecé a tener miedo de soltarte. A punto de volver a extrañarte empecé a preguntarme ¿Cómo se extraña nada?¿Cómo se extraña el abrazo que no llega, la caricia que no se hace, el beso que no se da?¿Para qué meterme en tu cama cuando quiero si no tengo el abrazo que necesito? Entonces, mientras me escapaba las corridas, de tu "Hablamos" mentiroso, cayó de repente, rotunda la certeza. Yo no quiero esto. Me traje en la cartera un poco de tu beso muerto, de tu desgana guerrera y tus dvd de préstamo. Te dejé en la almohada el sueño que quise contarte y no escuchaste, por distraído, por desatento. En el baño mi olor a nueva, en la cocina ninguna caricia, en la mesa la fiaca de la media tarde y en tu teléfono cualquier promesa. Todo efímero y aunque más quiera quererte, más me quiero a mí misma parece. El instinto me grita en la cara hace tiempo y yo que me hago la sorda no puedo hacerme tanto la boluda. Anoche en tu almohada tuve frío y poco abrazo, anoche en tu cama tuve sueño y pocas ganas. Anoche quise forzarme a quedarme queriendo tu nada. Esta tarde en un taxi fantasma me cayó como piedra otra vez la certeza. Justo cuándo estaba a punto de querer que me quieras, a punto de quedarme enamorada. Justo cuando estaba a punto de conformarme con nada. Justo a tiempo. La certeza. Yo no quiero esto. No me alcanza la nada.
