6 may 2007
Tené cuidado...
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3 may 2007
Jugar a que somos...
Tan fino el límite, tan cálido el abrazo, tan compartido el descansoY si abrazarte a mis piernas te hace sentir redimido, cuándo empezamos a abrazarnos dormidos?
Si solamente nos acompañamos soledades, porqué seguimos inventando primeras veces aún sabiendo que son las últimas?
Si sólo hacemos de cuenta que ocupamos un espacio, cuándo elegiste el piano y las velas?
Cuándo decís que no sabés que será de tu vida, porqué tus ojos vuelan a mi mirada esquiva?
Y si me alejo de las ganas de encontrarte para no perderme en tus ojos de decir cosas,
Disculpen la asusencia...es que estaba ocupada viviendo.
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14 abr 2007
Si fuera hada. Si no fuera dragón
"Soy yo dentro de mi misma. Sabiendo que lo que no va a suceder ya esta llegando. Ya llegó y ya se fue."
Entonces, justo entonces, es cuándo quisiera ser hada.
Irradiaría esa luz de ángel, tendría la gracia del elfo, la vitalidad de un duende, la voz de la sirena y la sabiduría de un mago.
Podría sonarte a melodía celta, saberte a tibieza y pan.
Me transformaría en herencia, historia y sería el cofre de oro al final de tu arco iris.
Me volvería liviana como la niebla en esa colina y suave como el viento en las ramas del bosque. Frágil cómo ese haz de sol.
Encerraría el misterio de la historia que persigues, la moraleja de la leyenda que cuentas, la dulzura del cuento de hadas que sueñas y la creatividad de la historia sin fin que escribes.
También en éste camino de fantasía, por momentos tendría la fiereza del dragón, el filo de la espada, la tristeza de las brujas y la soledad del llovizón. Pelearía algunas batallas. Sería instante en tus guerras.
Es mi esencia, mi veneno que no se cura nunca ni con pócimas ni con ausencias. Pero pasada la brabura de esa tempestad, mi piel volvería a ser traslucida, mis curvas etéreas, mis ojos brillantes. Tendría flores en el pelo, mariposas en la panza y destellos en el alma. Los ocasos serían siempre naranjas, las lunas siempre llenas y vendrías cada noche a morir y renacer en mis manos, acariciando mi espalda justo entre la volatilidad de mis alas....
Si fuera hada.
Si no fuera dragón.
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10 abr 2007
El miedo a la lágrima
Había pasado mucho tiempo, tanto que ni recordabas cuándo había sido la última vez. ¿No?
Es que claro, pensabas que ya no había más desamor posible, que no había nadie más que pudiera volver a dolerte. Que la próxima vez sería más sencillo porque que te parece imposible que no te quieran una vez más.
Y tenés miedo del miedo y entonces decidís dejar de pensar porque pensás que si dejás de pensar todo va a desaparecer y contrariamente a eso todo se vuelve más difícil. Porque dejaste de pensar y empezaste a sentir. Sin querer. Inocentemente. ¿Viste? y vos que decías que no te quedaba inocencia.
Y entonces sentís que te gustaría intentar. Probar. Conocer un poco más. Dejarte conocer. Es que las barreras que has puesto ya te pesan mucho, te aburren y tenés ganas de que quieran cruzarla. Cruzarte.
Estás en la instancia en la que las caricias no sólo te exitan, también te unen y ese dedo bajando por la espalda no sólo es parte del juego sino que pareciera ser una extensión de tu piel.
Es el momento en que empezás a oler. No el perfume. La piel. Y te enloquece. Y lo decís. Y sí él pregunta "¿A que huele?" sin dudarlo decís "A Vos".
Y empezas a notar que nunca nadie antes te había acariciado los pies cuándo llegas helada y con frio, que no necesitás palabras si te mira de esa forma y agradeces por lo bajo que siempre, siempre insista con que te quedes a dormir y a comer y a dormir otra vez. Es que claro, la otra noche entre penumbras te hizo estremecer.
Y es ahí dónde te das cuenta de que semejante intimidad no se condice con esa ausencia brutal. Racionalmente entendés el juego pero sabés, siempre supiste, que la pasión; tu pasión es irracional igual que el miedo.
Sabés a dónde te va a llevar éste indefectible camino de caricias, miradas y ausencias. Sabés que no hay carrozas sino calabazas, que el caballo blanco no es más que un ratoncito asustado y qué el príncipe trae consigo una enorme mochila cargada de destierros. Y claro, no es que vos te creas princesa ni mucho menos. Al contrario sos consciente, muy consciente que no querés ser parte de un cuento. Querés ser real, humana, con posibilidad de error.
Entonces volvés a sentir. Y caés en la cuenta que ya pasaron juntos insomnios y sueños. Sobriedad y borrachera. Pasión y ternura. Verborragia y silencio. Ganas y tedio. Pero algo te falta.
Y otra vez te vuelve a la mente esa noche de carnaval, cuándo él quiso sentir el latido de tu corazón con su mano y no lo encontró. Y deseás con toda tu alma que en el próximo encuentro él lo busque otra vez. Por qué ahora sí, tu corazón empezó a latir.
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