20 oct 2007

Que extrañas formas toman a veces algunas liberaciones....

16 oct 2007

Soft

¿Y entonces, cuándo llega la paz?
Cuando lo decís así bajito, para que no se queme. Cuando tomás partido, afrontás y resolvés. Cuando ponés el límite y de ahí no te corre nadie. No importa cuántas horas te hablen. Es entonces cuando te sentís más liviana.
Cuando ya no te tiemblan las manos para contestar las preguntas y estás dispuesta a eliminar los bloqueos. Cuando después de cerrarte y encerrarte, te sacudís la modorra del tiempo despacito y respiras la primavera. Ya dejaste de guardarte. Te reciclaste y tu amiga te sacó algún que otro miedo.Y otra festejó su cumpleaños. Y otra vino a quedarse con vos todo el sábado. Y tu mamá te llama contenta olvidándose de los moldes en los que no querés caber. Y ahí vas aflojando. Y no estás ya con las garras afuera, al menos no tanto. Y vas pensando de a poco que es verdad eso de que no tenés que ganarle a nadie porqué ya pelaste muchas peleas y no se puede vivir guerreando. Entonces un poco más te relajás. Y abrazás a tu ahijado tan fuerte, tan fuerte y le decís despacito que no se olvide de vos, que ya estás de vuelta y él te responde durmiéndose en paz en tu regazo. Y ahí te acordás de cuanto podés querer todavía. Y vas respirando. Y sí te cortan la luz prendés una vela. Y de a poco vas iluminado (te). Y al día siguiente sale el sol. Y tu casa tan tuya, tan tuya está completamente abierta. Y la limpiaste toda y te limpiaste toda. Las flores ya están plantadas, las fotos ya están puestas. Y salís al balcón enorme en minifalda y ojotas a esperar el verano. Y el atardecer te alumbra mientras te sentás en el suelo y te cebás un mate. Y tu perro te juega y prendés el cigarrillo número mil para aspirar todo ese olor a calma nueva. Y entonces entedés, después de muchos días de borrasca que la paz finalmente llega. Frágil, serena y furtiva pero llega. Y se queda un instante, hasta el próximo temblor.

13 oct 2007

Agua

Febrero. Noche de carnaval y calor. Mucho calor. Calor denso, sofocante, colmado y húmedo calor.
Ellos y un encuentro que se había hecho esperar a lo largo de todo el verano, de todas las noches de ese hirviente febrero que ya venía a morirse. Los dos traían sus pieles ardidas de diferentes soles y un par de noches prestadas a otras manos. El encuentro estaba pendiente. Quedaron entonces, en verse a esa hora en ese bar. Sensuales al extremo.
Él, rigurosamente impuntual bajó del auto y se dispuso a cruzar hasta el bar. Ella tranquilamente puntual ya lo había visto pasar. Apuró el cortado ya tibio, pagó sus migajas y salió al cruce de esa avenida. El semáforo se puso en rojo y el asfalto de Cabildo los separaba. Tuvieron tiempo para medirse. Se olieron a la distancia. Él con su andar despeinado y su remera sin mangas, ella ceñida a un suelto solero blanco que demasiado insinuaba, las pieles bronceadas, los ojos fijos y el cruce de miradas. El semáforo dio luz verde y se encontraron a la mitad de la calle. Ninguno de los dos esperó. El atinó a rozarla. Ella ofreció su mejilla y la tibieza de sus descubiertos hombros, esos que él de inmediato aceptó y rodeó con su abrazo. Nunca se habían besado, nunca se habían tocado. Siempre se habían mirado.
Subieron al auto y él encendió el aire. Impetuosa, ella abrió la guantera y buscó los CD´s. Eligió y cuidadosamente al descuido sonó Bob Marley. No, mujer, no llores. Está noche no, que afuera es carnaval y la procesión empieza andar.
Y él la llevó de paseo a su infancia, a su historia, a su amigo. Ella aceptó gustosa el viaje y el roce incidental de la mano de él contra sus cruzadas y descubiertas piernas cada vez que ponía primera para arrancar. ¿Te molesto? dijo ella abriendo el juego en un amague de correrse
"Ni se te ocurra" dijo el tocando su muslo con firmeza. Y se rieron. Cómplices y deseosos casi por primera vez. La charla por momentos escaseaba. Ella adora pasear en auto de noche y a veces sólo a veces se deja llevar. El sabía llevarla, al menos esa noche.
Recorrieron todo Caballito, parte de Flores y toda la historia de él. Noche de roces, de manos viriles, de piernas cruzadas, de tacos altos y escote bronceado. Latidos acelerados.
¿Vamos a tomar algo a casa? dijo él. Ella, descruzando las piernas sonrió y dijo "Si" ante lo previsible. Sí a una copa de vino, sí a esos ojos negros tan de decir cosas, sí a esas ganas nuevas. Sí.
A esta altura Marley se había vuelto a Jamaica y B.B King le cantaba a Lucile.
Habían pasado dos horas desde que se cruzaron cruzando la calle y andando en ruedas y latencias llegaron al estacionamiento. Díaz Vélez y Yatay. A ella le dio un escalofrío. Es que esas otras manos estaban tan cerca, tan expectantes, ahí a unos metros. Por un instante dudó. Desistió. Era su amigo y era también amigo de él. Ya habría tiempo para eso. Y volvió a concentrarse en esos ojos negros. Tan negros cómo no recordaba haber visto antes.
Bajaron del auto y el sopor fue insoportable. El calor sofocaba, el vestido apretaba, el corazón se salía.
Implícitamente él había entendido que ella prefería hombre antes que caballero y entonces en lugar de abrirle la puerta del auto la sujetó de la cintura y le rozó el cuello con el olor de su piel.
Tenían que caminar dos calles desde el estacionamiento a la casa de él y lo hicieron en un silencio de palabras y a gritos de miradas. El beso no había llegado. La caricia se hacía rogar. El deseo había traído a esas almas un poco de revolución. Los labios ardían secos de tanto calor. El abrazo a la cintura, certero, prometedor.
"Acá es " dijo él soltándola para buscar las llaves. Ella, perdida sin esa mano se acercó.
¿Puedo abrir? y sin esperar respuesta le quitó las llaves de la mano y entró. El se quedó un tanto perplejo y la miró pasar, cómo haría tantas veces de ahora en más.Un piso por escalera. Ella iba adelante cómo si conociera el camino. El la secundaba absorto en las formas que adivinaba bajo el vestido blanco. Sin darse vuelta ella sentía por primera vez la mirada. Esa mirada que se iniciaba en lo recogido de sus rulos, bajando por su nuca para detenerse un instante, eterno y caliente, en el hueco de su espalda descubierta. Y podía sentir sus ojos bajando aun más hasta rozarle la curva firme de su cintura y siguiendo al sur por la redondez de sus glúteos. Y ella, que sabía que él no aguantaría más en poco tiempo, al pisar el último escalón sonrió segura, al sentir el roce de su mano subiendo por la parte de atrás de su pantorrilla. "Son lindas tus piernas" dijo él a sus espaldas. Ella giró la cabeza, respondió con esa sonrisa y siguió caminando. Él se le adelantó e interrumpiéndole el paso se le plantó en frente. Con la dulzura de un elfo le tomó la mano, le abrió uno a uno los dedos de muñeca desprolija y le sacó las llaves robadas. "Dejáme llevarte" y ella lo dejó, cómo lo dejaría tantas veces. Lo dejó.
Entraron al departamento. Cálido, masculino con colores calientes. El cobrizo de las paredes reflejaba la piel de él, el verde del tapiz en los ojos de ella y el calor del ambiente se sumaba a la latencia. El vino estaba tibio, Luigi Bosca sin querer. El favorito de ella. Desde la barra del comedor donde se sentaron se adivinaba la forma de la cama en la habitación. Serena, paciente, concreta. Perfectamente fresca y armada. Expectante.
"Prendo el aire" dijo inquieto él
"Dejáme el calor" se acomodó ella, robándose esta vez el control remoto.
Él puso música dejándole a la radio el azar de la banda musical. Sonó Prince, sonaron los Doors y capaz algo de Madonna, Like a virgin quizás. La botella de Luigi se moría, la charla se animaba y las distancias se acercaban. Ella, que ya había recorrido mil veces con la imaginación esos brazos asomados en la remera sin mangas que tanto le gustaba, se sentía intimidada.
Intimidada por esos ojos que la recorrían hambrientos, que la miraban concisos, que la buscaban despacio.
Él, que había besado de lejos y con ansias tremendas esa piel arrebatada, se sentía embrujado.
Embrujado por esos ojos que lo miraban risueños, que lo esperaban chispeantes.
La botella de Luigi terminó de morir. Quedaba sólo agua fría en el refrigerador. Las bocas sedientas, de agua, de vino, del otro.
El extendió su mano a la forma de la cara de ella. Ella levantó la frente y lo miro un tanto desafiante. Él se levantó de su silla y se acercó.
"Traéme agua fría" dijo ella. Él lo tomó literal y fue a la cocina. Ella se rió por dentro. Empezaba a gozar.
El volvió con una jarra helada y la rozó. El brazo, las muñecas y la miró. Apoyó la jarra en la mesa. Ella seguía sentada. Él caminó tres pasos y con las manos todavía húmedas la tocó. En la nuca, bajo los rizos. La tocó.
De fondo Los Piojos gritaban "Agua, cómo te deseo, agua, te miro y te quiero agua, corriendo en el tiempo".
Cantando ese estribillo y mirándola a los ojos él se acercó y le envolvió la cara con sus manos, tal cómo a ella siempre le había gustado.
"Dame agua" gimió él y finalmente la besó.
La besó con un beso intenso, de origen, con sabor a carnaval. La besó y ella respondió y también lo besó con un beso sediento y de pronto todo fue humedad. Las pieles, los ojos, las manos, los deseos.
Ella se alejó de su boca un instante y a la vista de él se mordió los labios. Y entonces él comprendió. Ella había venido sólo a darle más sed. Agua, dame. Tomá. Sed. Saciáme. Secáme. Mojáme. Agua.
En la habitación la cama esperaba para escuchar gemidos, para sentir formas, para ahogarse de transpiración. Una vez volado por los aires el vestido ceñido y la remera sin mangas, ella y él jugaron a entregarse. Y se entregaron a tanto. A dedos atravesando espaldas, a bocas mordiendo bocas, a manos acariciando formas, a lenguas lamiendo partes, a almas saciándose la sed. Por mil noches sedientos del otro se buscaron y cuándo acabaron de gozarse amanecieron abrazados. Hasta que la sed se sació pasaron muchos meses incluso hasta llegaron a cobijarse durante el frío agosto de sus nacimientos. Hasta ese Agosto llegó la sed. Y un silencioso "hasta siempre "fue el final.

11 oct 2007

Vaticinios

Tendrás días en los que necesites salir
y mezclarte con la gente y perderte en el enjambre de la peatonal Florida o quedarte parada en el medio del mundo o del barrio chino y que te empujen, te golpeen, te arrastren.
Tendrás días de flores en las macetas y nubes en el cielo. De girasoles que no giran y canciones que no suenan.
Tendrás días sin mates tibios y fotos de risa, en los que tu independencia será una cárcel, tu refugio una trinchera y tu soledad una carga. Así te irás a la guerra.
Tendrás días de estar lejos, caminando entre las nadas, releyendo las mismas letras, olvidando las palabras.
Esos días tendrán también sus noches, amplias y avejentadas en las que andarás viejos caminos y querrás retractar decisiones tomadas.
Tendrás noches de limpieza, empezarás quizás por las tazas y te sentirás tan cansada y entonces cerrarás el agua que gotea detergente y a las dos de la mañana tendrás ganas de dar tu reino por tener a mano cualquier mano con cualquier mirada.
Tendrás noches de estar enjaulada en esas cuatro o cinco opciones que sentís que te tienen rodeada. Noches en las que ese té de miel y chocolate no tenga gusto a nada. Y cuántas, cuántas serán esas noches hermana...
Tendrás noches de querer volver a cualquier abrazo del pasado, sin que te importe un carajo cuánto futuro te quite cada segundo de más en esos brazos.
Tendrás noches de estar harta de seguir pagando el costo de no vivir con la cabeza agachada y mirarás entonces viejas fotos o secarás antiguas lágrimas sintiendo que poco vale nada. Tan vacía de no esperar nada.
Y esas noches y esos días serán muchos. Y andarás estaqueada, esperando robarte un pedazo de algún sol que ande sobrando por ahí, insistiendo con qué es mejor así y que un desgarro más sigue siendo necesario. Tan cansada de correr a volver a escribirte. Tan cansada de andar deambulando hasta en tu propia cama. Tan casada de andar siguiendo tu propia nada.
Seguirás resistiendo amiga, un poco más y hasta siempre por que en definitiva y muy muy en el fondo seguís sintiendo que no querés despertar ni un solo día en la piel de Bernarda.
Pero en esos días y esas noches no será eso ningún consuelo y sin querer se te vendrá la madrugada, a ponerle límite a tanta desgana. Y mañana será otro día y seguirás buscando entre la gente caras.
¿Y cuál, cuál será el esbozo de la siguiente instancia? Pensar que son sólo momentos, que otra vez, todo pasa. Creo.


Este post surgió siendo muy personal, narrando sensaciones mías de esta noche, pero a medida que lo fui escribiendo recordé charlas, comments y mails que me llegan de muchas de las personas que leen este blog, muchas de ellas grandes amigas así que, este post se transforma entonces en un regalo para todas ustedes amigas, para todas las que están siempre viniendo a coincidir, a ponerle una cuota de aliento mis tropiezos, a contarme los propios, para las que aprenden todos los días a reírse un poco de sí mismas, para todas las que a su manera y con su propia historia a cuestas deciden, con lo que eso cuesta, no vivir agachando la cabeza.
Para ustedes Amigas: Ale, Cele, Vero. Tsukinota, Sibila, Verborrea (más que nunca), Lola, Giovi, VilmaP, Cronopio, Daniela, La Peque, Ana, Rochie, Lucy, Uma, Swimming, Verónica, Araña y las que me estoy olvidando y a las que sé que leen y no comentan como Euge, Sofía y Ceci entre muchas otras.

Update*: Después de recibir varias quejas por diferentes medios, entendí que pasé por alto una parte muy importante de los componentes de este post. Cometí la torpeza de dejar a fuera de la dedicatoria a los muchachos de este blog. La otra parte del comienzo y el fin de todos estos sentimientos. Los hombres, que también me traen sus letras, sus razonamientos, sus aprendizajes, su certidumbre y sus halagos. Gracias amigos. Para ustedes también Boys: Ciru (gracias por las lágrimas), Mayfly, Joker, Smart, Medias, El Poeta, Agus, Andy, Ol, Jorge, Deg, Mostro, Lolo, R.P, Mentes Sueltas, Matu, Yukio. Y tambien, muy también, para todos los de la vida, los que me inspiran, los que están en mi historia, los que aparecen en estos escritos sin nombre ni apellido pero que tienen una imagen grabada a fuego en mi cabeza, mi alma o mi piel. Los de mi historia.

8 oct 2007

Pobre Bernarda

Hoy después de tres afiebrados días descubrí con horror que me había quedado sin Novalgina, cosa que en estos momentos me es más vital que el agua (literalmente). Arrastrando los 38.3 me fui derechito al Farmacity amigo.
Lo re buenísimo de vivir en la zona que vivo es que todo está a un paso y que tengo muchos, muchos Farmacity cerca. Opté por el de Cabildo y Palpa. Entré compré y me fui a la caja. De las tres cajas que tienen sólo una estaba habilitada y encima cobraba Pago Fácil. La puta dije yo y me dispuse a esperar los por lo menos 15 minutos de cola.
Delante mío había dos señoras en sus 60. Paquetas de Belgrano, bien arregladas, bastante juveniles, pelo lacio al hombro con claritos, anteojos de sol en la cabeza y bremer con el logotipo del polista (Ralph Lauren creo que es). Hablaban bastante alto y yo estaba bastante aburrida así que me dispuse a escucharlas (las cursivas son mías)
Paqueta 1 - ¿ Y Bernardita tanto tiempo sin verla? (ja! a que le dicen Bernie)
Paqueta 2- No me hables mejor. Esa chica es un problema
Paqueta 1- Sigue igual por lo que veo
Paqueta 2-Yo no sé mirá. No entiendo. Tiene todo lo que cualquier chica quisiera ( a esta altura tenían las paquetas, toda mi absoluta atención, apostaba mi fiebre a que paqueta 2 diría lo que iba a decir)
Paqueta 1- Y claro, tan jovencita, tan divina. Con ese pelo que tiene (lacio y rubio seguramente)
Paqueta 2- Con 27 años, un marido divino como Alvarito que la tiene como una reina, tiene el mejor trabajo 4 horas en el estudio del padre, le sobra tiempo para lo que quiera, con esa casa divina que compraron en el country, y ella que me viene con que no sabe que le pasa, que no era esa la vida que esperaba, que quiere abrirse paso sola ...(paqueta 2 se angustia)
Paqueta 1- ¿Y Alvarito que dice?
Paqueta 2- Alvarito pobre santo, tan divino. Cada vez que veo la foto del casamiento me enorgullezco tanto (ZaZ!! Sabía que nombraría la foto del casamiento, lo juro). El no entiende nada. Ella salió de la nada con que no sabe si lo quiere, con que así no es feliz yo no sé..
Paqueta 1(pendenciera había resultado) - ¿Vos decís que Bernardita andará con otro?
Paqueta 2 (ofuscadísima)- ¿Cómo me decís algo así de mi hija?. Bernie no es de esas, si apenas dos noviecitos tuvo antes de Alvarito. No se habrá casado virgen, bueno, pero ahora nadie lo hace. Hay que adaptarse.
Y les tocó el turno en la caja y yo no pude seguir la charla y me mordía la lengua, los dientes y la laringe para no decir nada. Y me salía de la vaina.
Entonces llegué a casa medio encabronada y me puse a escribir esto para la mamá de Bernarda y para la Bernarda que todas, en mayor o menor medida, llevamos adentro:
Vea señora que se puede ser mujer de otra manera y no por eso ser una de esas, se puede elegir con quién dormir y con quién NO dormir, se puede elegir dormir con uno distinto cada noche y se puede elegir incluso dormir sola y no por eso ser una de esas. Se pueden elegir los libros en lugar de utilísima, se puede tener fe sin ir a ninguna iglesia, se puede pensar sin pedir permiso, vivir sin pedir disculpas y tener sexo sin tener culpas (y conste que fui educada y dije sexo en lugar de coger, por que Ud. es una paqueta). Sepa también señora, que se puede trabajar mil horas por el placer mismo de pagarse sus propias cuentas, comprarse sus propios libros y tomarse sus propias cervezas. Se puede ser mujer así también señora. Teniendo hijos y no quedándose en casa a tirar la vida a ningún lado. Se puede estudiar por mandato, cómo seguramente estudió Bernarda pero también se puede estudiar con pasión, con el alma, con insomnios maravillosos, con esperanza. Se puede apasionarse y está bueno. Y sí claro, sin dudas la vida no es tan segura de esta forma. ¿Y qué? Se puede tener miedos y asumirlos y aceptarlos y eso señora es muy distinto a ser cobarde. Y no, claro que yo no sé coser, ni bordar, guisar pero abro todas las puertas para jugar y si me las cierran salto por la ventana. Si señora aunque me cague a golpes cada rato.
Y no señora, no es que yo sea feminista, detesto los absolutos, pluralidad que le dicen. No, no, tampoco soy una lesbiana resentida ni una solterona fracasada. Estoy llena de vida señora. Soy otro tipo de mujer. Disculpe si la ofendo con mis dichos, disculpe y rece que no me cruce por al vida un día de estos con Bernarda. Ah!!! una cosa más, me olvidaba. ¿Si lo ve a Alvarito le dice de mi parte que es un pelotudo?.
Bueno che! me hizo enojar.

4 oct 2007

Empaque

Ahh!! ahora entiendo.
¿Vos te sentiste descartable? ¿Vos, que no esperás ni necesitas nada? ¿Vos también te sentiste descartable? ¿O era yo? ¿O no sos vos, soy yo?
Empaque, embalaje, su ruta. Descartable.
Me canso. Hasta acá. Cuánta locura.
No jodas. ¿En serio? ¿De verdad te sentiste descartable? ¡JA!
Si claro yo tan dulce, tan linda. Si. No sé fijate. Manejalo.
Basta de paja mental. Boludeces no.
Me llevo mis rulos. Te dejo un beso. Comete un chocolate.
Yo me voy a colgar la ropa
¡Cariños eh! ¡ Que andes bien.

2 oct 2007

Fantasma

Vas caminando por Cabildo y son las dos de la madrugada. Hace tiempo sumaste un miedo que es caminar por las calles de noche pero esta vez vas abrazada del brazo más seguro, con todos los huracanes soplándote por dentro eso sí, pero seguís caminado. No sabés cuánto más vaya a quedarte por sentir y entonces aprovechás porque la charla fue intensa, conmovedora y no hay respuesta final. Y por eso, con más razón te abrazás a ese brazo y disfrutás de reírte un poco de su renguera y pensás que capaz sí puedas cuidarlo.
Pero el aire de golpe se pone raro y empezás a mirar a todos lados; es que claro el radar siempre está activo y el miedo, que no es zonzo tampoco es olvidadizo.
Entonces escuchás en la vereda de enfrente que ella, sentada en un umbral llora a los gritos mientras que él, también a los gritos la insulta, la tironea, la fulmina. En uno de los tirones ella se levanta, camina y se frena y él la arrastra y la insulta y le grita. Y vos, en la otra vereda intentás apurar el paso que hasta recién era rengo y alegre. Y a la mierda se te fue la risa porque llegó el fantasma.
Detrás tuyo siguen los gritos y se escucha, previsible, el sonido del golpe que inevitablemente iba a llegar. Después, el por favor basta de ella y silencioso, casi cómo una súplica llega el por favor basta tuyo también. Basta. Soltála. Dejála. Andáte. Y no vuelvas nunca fantasma hijo de puta.
Las cuadras y los gritos quedan atrás, la madrugada sigue. Unos besos, otro bar, papas fritas y el fantasma que se vino con vos. Se quedó toda la noche sentado en la mesa de en frente, tomándose una ginebra, mirándote de lejos con esa risa socarrona que tiene el que se sabe omnipotente. Y vos, que ya sabés de que se trata le das pelea y te reís y te quedás cerca de ese abrazo. Y que pena que no pueda abrazarte por dentro. Y que pena que no pueda evitar que mires para atrás a cada paso. Que pena que no pueda exorcizar al fantasma y echarlo para siempre. Y no vuelvas nunca fantasma hijo de puta.
La noche pasa y te despertás tranquila, sola y pensando quizás sí. El día es un buen día y llueve pero vos podés trascurrir tu casa y el tiempo que es todo tuyo también. Hasta que llega el escalofrío y buscás, mirás y agradecés no tener cortinas que escondan fantasmas. Ficción, igual está. Todo el día te persigue y se sienta a tu mesa, se toma tus mates, acaricia a tu perro, te lava los platos y capaz si te descuidás, se te mete en la ducha. Te mira cómo si nada, macabro y vos, que ya estás tan acostumbrada a tenerlo en tu vida, te le volvés a plantar y le decís que ya no importa que te persiga, que ya no importa que te asuste, que ya no importa que le hayas regalado media vida porque sin dudas ya no puede tocarte. El fantasma ya no tiene futuro y lo sabés. Lo dejaste fuera hace tiempo pero de venganza el te dejó cargando miedo. Te dejó el veneno, te dejó huyendo en cada madrugada, te dejó llorosa, cobarde y asustada. Te dejó la sensación de la felicidad efímera, de los abrazos mentirosos, de las huidas tempranas. Te dejó con la certeza cansada de que todavía falta mucho para que vuelvas a estar intacta.
Basta. Soltála. Dejála. Andáte. Y no vuelvas nunca fantasma hijo de puta.




(¿Ves el fantasma en la imágen, ves como me enmudece, cómo me vacía y cómo me ata? ¿Ves cómo le disparó a mi cabeza? ¿Entendés?)

26 sept 2007

3 y media de la mañana. Otra vez se me fue la noche y me perdí en este infinito mundo de navegación intentando encontrarme en alguna página. Y me miro en las fotos y me escucho en la música y me leo en mis viejas letras pero en ningún lado estoy. No soy yo, son mis partes. Y entonces sigo buscándome. Y mientras todos duermen, persigo fantasmas que ya ni si quiera me asustan. Y entonces aparece el recurso fácil pero prefiero evitarlo. Es que empiezo a sentir que esta noche no estoy en ningún lado.
La realidad es que hace frío y que la casa está helada. No, no hay estufas porque se suponía que de ahora en más todas las noches serían primaveras.
Y sigo buscándome, en los rastros que dejé en otras historias, en los viejos escritos, en las antiguas mentiras y tampoco ahí estoy. Entonces empiezo asquearme del olor a cigarrillo que impregna mis poros y recuento los cadáveres que sepulté en mi cenicero después de sentenciar a mi garganta. Son muchos dirías si los vieras y al instante agregarías que ya soy grande.
Sacudo una imagen y voy a tratar de buscarme en las líneas que escribí unas horas atrás, esas que van a dolerte un poquito mañana mientras yo duerma cómo una cobarde. Algo de lo qué soy está escrito ahí. Pero no, no es esa la que soy. Entonces corro a leerme en el principio, cuándo escribí instintivamente y hace un siglo Usted ama y después pegado a eso me encuentro con mi primer recuerdo, con lo de la felicidad con atajos, con el bosque y el lobo hasta llegar finalmente a las imágenes para dos. Y es ahí dónde lloro, un poco por nostalgia un poco por idiota y otro poco por no poder/querer (dirías) ser esa, la simple. La de esa imagen. La que no soy. La que me pasé buscando toda esta puta noche. No hay cenicientas, ni carrozas. Sólo hay una mujer que no encuentra cómo ni por dónde y qué esta noche tiene miedo de irse a la cama y encontrarse con lo que realmente es.

21 sept 2007

Desgarros

Que poco vale todo cuándo todo vale.
Mal día para accidentes, mal momento para tanta certeza.
Cuánta locura. Cuánto juego salido de control.
Cuánta gravedad tienen las consecuencias. Cuánto veneno en estos ojos de niña infame.
El destiempo de los cuerpos, el desgano de la nada.
Maldita la hora de la decisión. Ya está tomada. Y después ya no soy la misma. Poco importa.
Que pocas son las opciones, que inmensa la soledad necesaria. Que definitiva será mi distancia. Que decepcionante la carga de ausencia. Que inexistentes son las caricias, que mentirosos los abrazos.
No quedan ya trenes para seguir ni próximas estaciones para bajarse.
En el cuerpo quedarán las marcas.
Que vacía voy a quedarme cuándo vuelva a sangrar.
Que necesario el alivio. Que absurdo el riesgo. Que insomne quedará la conciencia.
Una vez más.

9 sept 2007

MUJER SOLTERA BUSCA

3amb Belgrano M. Lum/ Impec/Balc. Terraza.
Céspedes 2... 7º "..". Visitar Jue 14-18hs

Hace 20 días vi este aviso en el diario. Hoy me estoy mudando. Sola. Feliz.

Disculpen la ausencia, ando viviendo

5 sept 2007

¿Irreversible?

El día había empezado ya siendo largo. Las cuestiones pendientes que no se resuelven. Las malas noticias acumuladas en el celular. Desencantos. Marcas que ya se trasformaron en huellas. Pero sobre todo cuestiones pendientes. Y el llamado. El que pendía en parte del orgullo en parte del miedo. Y la panza que ya había crecido 5 días más. Y yo que había pasado casi por la puerta de su casa una madrugada antes. Con ganas de correr. Contenida.
Entonces releí el post anterior y la llame. Esperando que no atienda. Y atendió. Al segundo ring atendió.
Con su voz de nena nueva. De amiguita vieja. Dijo Hola así toda suavecita. Toda mamá.
Y yo me tragué el nudo que me atoraba. Naty soy yo. Y no hizo falta decir quién. Y no hizo falta ni decir que me había enterado. Me dijo Estoy bien, hoy fui al médico. Y así empezó a contarme desde el principio todo lo que yo ya sabía. Que el reposo, que una manchita en útero, que el corazón, que claro que quería varón, que sí con ese nombre. Y así. Ella hablaba todo rapidito y sin pausa cómo hace siempre que está nerviosa. Y yo escuchaba y me quedaba muda cómo hago siempre que tengo tanto para decir. Muda.
Y en un momento intercalé una lágrima en la conversación y le dije despacito Estás embarazada, y nos reímos de puro contentas las dos. Cómo dos nenas jugando a la casita. Con una panza que no es almohadón.
Entonces ella siguió hablando hasta que la interrumpí y le pregunté ¿Tenés panza? y ella se rió y me dijo Me sale sólo de noche. Y otra vez nos reímos. Y otra vez me imaginé la panza. Es que ya son casi cuatro meses dijo ella. Y yo todavía no te vi pensé yo. Y le dije Quiero verte y me dijo Yo también. Y le dije Te llamo en estos días porque no podía ponerle fecha. Y ella me dijo un Gracias lloroso. Un Gracias contenta. Un Gracias de ojalá. Y me pasó el número de su celular porque Acá me encontrás todo el tiempo y yo le dije un incondicional Llamáme para lo que sea.Y corté.
Me quedé tan rara. Tan sin haber dicho tanto. Tan pensando en tantos momentos. Tan muda de palabras y gritona de alma. Es que quisiera decirle todo lo que escribo. Pero está la distancia. Está el tiempo en el medio y la historia cortada.Pero también esta ella y su panza haciendo curva. Y también estoy yo dando una vez más el primer paso. Las dos con voz de niñitas nuevas. De amiguitas viejas. Jugando al juego de revertir lo irreversible. Saltándole la soga al orgullo de la gente grande y pensando en los caminos que de chiquitas recorrimos de la mano. Rearmando un juego de muñequitas de madera transformadas en mujeres.

31 ago 2007

Irreversible

Cuándo la conocí teníamos 4 años. Ni quiero sacar cuentas a esta altura. Eramos compañeras de sala verde del jardín nº 4 de Munro. Ni tengo idea cómo fue que nos hicimos amigas. Pero así fue. Resultó entonces que además de ser compañeras de sala verde de jardín eramos también vecinas. Ni tengo idea tampoco cómo fue que nuestras mamás se hicieron amigas. Y arrancamos. Ella siempre iba de rosa. Yo desalineada. Ella tenía muñecas. Yo libros. Ella era tímida. Yo charleta. Eramos sombra una de la otra. Jugábamos a ser grandes. Armábamos caminos. Cantábamos canciones. Corríamos carreras. Y siempre salíamos empatadas. Ella y yo. Siempre mezcladas. Dueñas de todas las tardes. Amigas de todas las nubes. Espectadoras de todos los cuentos. Jugadoras de todos los juegos. Transitamos juntas todos los tiempos.
Juntas comulgamos. Juntas festejamos cumpleaños. Juntas corrimos por primera vez por la playa. Juntas estrenamos bikinis. Juntas, una mañana cualquiera dejamos de ser chiquitas. Juntas nos enamoramos. Por primera vez a los doce. Y del mismo muchacho. Juntas volvimos por primera vez de día a casa. Juntas fuimos al primer recital. Juntas tanto. Siempre. Ya habíamos compartido, a esa altura, más de media vida. Hace ya más de media vida.
Ella estaba cuándo lloré el primer llanto desgarrado. Ella perdonó mis ausencias de niña enamorada. Yo estaba cuándo aquel primer EL la dejó, rota y desolada en esa pista de baile. Yo estaba cuándo ella se volvió hermosa. Ella estaba cuándo tuve que correr a contarle que ya me había "hecho mujer". Y siempre nos cubrimos. Y nos rescatamos. Y nos unimos. Y yo lloré con ella cuándo un amor se le fue corriendo para el otro lado del mundo. Y también estuve yo cuándo ese amor le volvió de sorpresa una tarde cualquiera así cómo si nada. Y recuerdo tan claro cómo noté que ya era tarde. Y ella nunca me lo dijo. Y yo sin embargo lo supe.
Y ella estuvo cuándo yo me desenamoré la primera vez. Compartió la culpa de mi primera infidelidad. Cargó conmigo el peso. Me llevó de la mano a hacerme valiente. Y me abrazó tantas veces. Y nos dijimos tantas veces tanto sin decirnos. Ella y yo llorando hasta reírnos. Riéndonos hasta llorar. Hasta hacernos pis. Hasta hacernos grandes.
Juntas descubrimos lo imposible de la muerte. El sin retorno del desamor. Juntas aprehendimos a mentir. Juntas supimos también arrepentirnos. Juntas planeábamos criar a nuestros hijos. Juntas planeábamos. Distintas mujeres transitando la misma historia.
Y ella un día se enamoró cómo nunca nadie amó. Yo ví venir su torbellino. Vi cómo cambiaron sus ojos. Supe antes que ella que era para siempre. Juntas lloramos por aquel embarazo perdido. Yo quería arrancarle a abrazos ese dolor. Quería atravezarlo por ella. Quería cargarlo todo. Yo era más fuerte.
Juntas nos sentamos en el registro civil. En el mismo libro dejamos las firmas. Ella señora. Yo testigo. Siempre. Yo estaba cuándo se vistió de novia. Juntas llegamos hasta la mismísima puerta del altar. Juntas lloramos en un abrazo de para siempre en el atrio. Estaba tan hermosa. Tan blanca. Tan feliz.
Y después la vida. Las distancias. El orgullo. Los enojos. Lo absurdo. Y el silencio. Y nunca más.
Y ya no estábamos más juntas. Y a mí se me rompía el llanto de sólo pensarla. Y cuándo me quedé sin nada de vida tampoco estaba ella. Y yo la necesitaba. Y la extrañaba. Y quería contarle que "me escapé de un infierno amiga" y que ella no necesitara que se lo diga. Y yo quería que me hiciera un mate y me contara historias de niñitas. Y sin ella me recuperé. Y sin ella me hice la que soy hoy. Y me duele. Y enojada y todo la extraño. Aunque no la entienda igual la necesito.
Hoy supe por chismes de ella. Está embarazada. De tres meses. Y yo no estoy con ella.Yo no ví su test. Yo no la acompañé en su miedo.
Y cuándo supe me dije agarrada a mi orgullo que no me importaba. Y a los diez segundos ya me imaginé su panza. Y quise correr a abrazarla, quise correr a que no me importe nada. A decirle que no tenga miedo. Y la llamé. Después de 4 años. ¿Qué son 4 años contra toda la vida?. Pero ella no atendió.
Y ya no me importa el orgullo. Ni el mío ni el de ella. No me importa que otra vez ella cierre la puerta. Yo quiero ir a buscarla.
Y ya me la imagino, llorando y riéndose al mismo tiempo, cómo hace siempre que tiene miedo. Y ya se cuál es el nombre de su hijo. Eso también lo pensamos juntas de chicas. Ya sé que prefiere varón pero que no lo va a vestir de celeste. Sé que si fuera por ella elegiría cesárea porque el parto normal la impresiona. Sé que seguramente nunca tendrá antojos de frutilla porque las odia y más si tienen crema. Sé que será una madre obsesiva pero cariñosa. Tranquila pero firme. Sé qué tiene tanto para decirme. Y yo tengo tanto para decirle. Qué se nos pasaron tantos días, amiga. Qué nos perdimos tantas horas. Qué es tan absurdo el orgullo. Que te esperamos tantas veces. Que no se cómo podemos perdonarnos. Que siento tantas cosas que no me alcanzan los alfabetos para escribirte. Que esta ausencia no me cierra por ningún lado.
Sé también que es demasiada la distancia. Y es irreversible.
Pero más irreversible es la historia. El dualismo de dos vidas y la misma historia.
Voy seguramente a darle este escrito.
Y cuándo leas Nati, este final sabé que lo irreversible se ha torcido, al menos para mí, en la inminente curva de tu panza.
( Y yo que pensaba que me había quedado vacía. Sin nada para dar. Qué me había vuelto piedra . JA! ¡¡¡Por dios, que semana!!! ¿Alguien sabe dónde reparan corazones?)

29 ago 2007

Mi mamá me ama

El sol entraba presuroso por la ventana este mediodía. Mamá y yo compartíamos un almuerzo que nos debíamos hace tiempo. Yo, en mi intento por ser simple decidí resistir sus embates con algo de comprensión. Pero mi mamá me ama. Y sin querer toca siempre mi cuerda floja. Y el amor no justifica lo sé. En realidad me mueve los fantasmas. Ese miedo ancestral que me inculcó con su amor incondicional desde siempre. "Si no cambias vas a quedarte sola" me decía cuándo de chiquita yo cambiaba las muñecas por un libro. "Si no cambias vas a quedarte sola" me dijo este mediodía cuándo me asumí libre frente a ella. Yo sé que me encierro mamá. Yo sé que te duele. Yo sé que quisieras ya tener 15 nietos y mi foto de novia en tu aparador. Yo sé mamá que querías a Susanita y te salió una mezcla de Libertad y Mafalda. Yo sé mamá.
Ella siguió con su monólogo este mediodía " Qué te encerrás, aunque entiendo que necesites tu espacio", "Que siendo cómo sos entiendo porque tus relaciones fracasaron", "Qué se hace muy difícil quererte así".
Entonces ahí me toco el miedo. Me resucitó el fantasma de la "no querida", de la que "poco vale", de la "rara", la "culpable". Y a pesar de todo yo me defendí " No mamá no fui yo la culpable, no es válido el maltrato, no es válido ser cómo un mueble, no es válido el desamor bajo ningún punto de vista mamá" Y me cerré. Yo, la que quería ser simple, genuina y transparente me cerré y miré el sol que entraba por la ventana. Y así no más se me quebró la convicción. ¿Y si tiene razón? ¿Y ´si es mi culpa exclusivamente?
Y claro lógicamente, racionalmente sé que no la tiene.
La tarde se hizo larga y atragantada me quedaba esa angustia de niña desolada. Y se me cayeron todas sus espectativas en la cabeza y se mezclaron indisolublemente con las mías. Entonces empezaron las preguntas ¿Nada vale la supervivencia? ¿Nada vale el andar con los pies sobre la tierra? ¿El ser independiente? ¿Fuerte? ¿Feliz? ¿Nada de todo eso vale si no tengo un muñeco de torta parado al lado? ¿De verdad por elegir distinto voy a quedarme sola?.
"Será un momento" respondí para cerrarle el tema. Y me acordé cuándo jugábamos a las princesas. Cuándo ella me contaba el cuento de la reina que algún día yo sería y cuándo yo me lo creía. Este mediodía mamá y yo quisimos volver a jugar a las princesas. Ella vio que se había esfumado su Cenicienta. Yo sentía que me había convertido en piedra. Otra vez.
Las lágrimas salientes me acompañaron el resto del día. Es verdad algo de lo que ella dice. Me cierro cuánto más ella se acerca. Me aislo cuánto más doloroso es el tema. Me cuesta pedir ayuda. Ni hablar de pedir perdón. Me cuesta decir "Te quiero". Me cuesta infinidad de vida, el miedo a que no me quieran. Una vez más.
Fractura expuesta del alma Mamucha. No me sirven las curitas. No me conformo. No me alcanzan.
Termina la noche. Mamá duerme tranquila y yo lloro y me quedo con el terror absurdo de no ser nunca más merecedora de un buen abrazo.
Mañana seguramente saldrá el día. Y yo sabré otra vez que no soy espejo de tu alma mamá. Ni de la de nadie.